No “permiten” los malos tratos.

Revisando los términos de búsqueda que se utilizan en internet sobre malos tratos y violencia de género, observó con estupor que, concretamente en  mi blog  https://rosacandel.es/,   se utiliza de forma habitual “¿por qué algunas mujeres permiten ser maltratadas? ¿Por qué se permiten los malos tratos, etc. Dado que la pregunta tiene algunas implicaciones absolutamente contrarias a las víctimas de violencia así como a la propia esencia de la violencia de género, me parece adecuado aclarar lo siguiente.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el verbo “permitir” significa ‘hacer posible [algo]’ y, dicho de una persona, ‘dar permiso u ofrecer la posibilidad [de que algo se produzca]. El verbo “permitir”, por tanto, implica que la víctima de violencia de género consiente, accede, aprueba… esta conducta, se trataría de un acto de autoridad por su parte.

Nada más lejos de la realidad descartada hace años la teoría del masoquismo (https://rosacandel.es/2010/04/10/por-que-las-mujeres-maltratadas-no-abandonan-a-sus-agresores/ ) modelo explicativo que propone que son las víctimas las que tienen necesidad de diluir su sentimiento de culpa a través de los malos tratos  y que  el maltratador responde a esta “necesidad”. Esta teoría  masoquista tiene su crítica en la medida en que la víctima no puede crear al verdugo. El maltratador actúa y convierte en víctima a su pareja. SI NO HAY VERDUGO NO HAY VÍCTIMA.

El efecto de este pensamiento es muy destructivo en la medida en que se considera a las mujeres sujetos activos. Olvida las enormes dificultades tanto psicológicas como sociales y emocionales que sufren las mujeres maltratadas y que hace que algunas permanezcan en esa situación tan inhumana durante mucho tiempo.

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El impulso sexual en las mujeres

En la sociedad occidental existe una creencia generalizada de que la disposición del aparato genital masculino, situado externamente, favorece un mayor impulso sexual en los hombres, sin embargo, la antropología nos muestra que hay pueblos donde precisamente por  la disposición del aparato genital femenino, interno, las mujeres tienen un mayor impulso sexual que los hombres.

El modelo de sexualidad femenina tradicional señala que la mujer tiene un bajo impulso sexual (si lo tiene) que sólo se activa bajo el empuje de un hombre. Y cuando se despierta lo hace siempre orientado por los aguijones del amor (no del deseo), manteniendo un perfil de intensidad bajo que sólo se activa cuando el compañero se empeña en ello. Aunque no se dice de un modo explícito, dicho modelo lleva implícita la idea de que la sexualidad femenina está, entonces, al servicio de la masculina (que la despierta cuando desea sentirse satisfecha) y al servicio de la especie (la orientarse exclusivamente hacia la reproducción) Este modelo está más vigente en la mente de la gente de lo que suele creerse. El 87% (casi nueve de cada diez) de la población masculina y femenina sigue creyendo en nuestros días que el impulso sexual femenino es menos intenso que el masculino; cuando desde hace varias décadas existen datos señalando que ambos impulsos sexuales son similares en intensidad general, en rapidez y fuerza de respuesta a estímulos eróticos y en necesidad de satisfacerlo. También existen datos de muestran que una parte importante de mujeres (42%) son capaces de reaccionar al sexo con mayor rapidez e intensidad que el promedio de los hombres. Dos de cada tres mujeres aseguran sentir excitación sexual espontánea y una de cada tres afirma sentirlo a diario. Algo bastante lejos del modelo tradicional (Ramos, 2002)

El Lenguaje Inclusivo

Humboldt (siglo XVIII) afirma que mas que un sistema de reglas y un vocabulario, el lenguaje es dinámico. La lengua nunca es un estado ergon sino una energeia, principio activo y generador por el que no solo nos comunicamos con nuestros congéneres sino que percibimos el mundo y lo real. Es el lenguaje el que permite que el mundo se represente (conceptualice) en el pensamiento; es decir, ni el mundo ni el pensamiento tienen una existencia previa a la intervención del lenguaje. Por tanto, el lenguaje es un mediador, un puente entre el pensamiento (naturaleza interior) y el mundo (naturaleza exterior).

El lenguaje no es una mera herramienta mediante la cual expresamos y comunicamos nuestros pensamientos. El lenguaje hace pensamiento, se piensa cuando se habla y, al mismo tiempo, representa y construye realidad (Lenguaje no sexista y barreras a su utilización. Un estudio en el ámbito universitario María Luisa Jiménez Rodrigo, Marisa Román Onsalo, Joaquín Traverso Cortes. Universidad de Sevilla). Afirma Mercedes Bengoechea de la Universidad de Alcalá de Henares que: la lengua  evoluciona porque necesita nuevas formas de decir. Son precisas nuevas formas de contar la vida y el mundo que nos rodea.

La lengua no puede entenderse como algo natural, estático e inmutable, a pesar del peso de la tradición y las instituciones. El lenguaje es una construcción social y sujeta a los cambios históricos, sociales y culturales. Por tanto, el lenguaje se transforma y puede transformarse para corregir y evitar el sexismo lingüístico. Y esto puede llevarse a cabo sin agredir las normas gramaticales, porque el sistema lingüístico del español ofrece posibilidades para que no se produzca discriminación sexual en el uso del idioma (Ayala, Guerrero y Medina, 2002).

Hay obstáculos muy importantes como la utilización del masculino genérico, se oculta la presencia de las mujeres  en el lenguaje, se las excluye y se las invisibiliza, el uso que tradicionalmente se ha hecho del masculino como aglutinador de los dos sexos es un elemento fundamental para que en la actualidad se siga practicando un lenguaje discriminatorio hacia éstas. incluso en los casos en que ellas son las principales protagonistas (Un ejemplo: programa de televisión “Operación Triunfo” 2017, el presentador dice: El ganador es… solo quedaban dos mujeres finalistas). La participación de un solo hombre en cualquier actividad se considera suficiente para incluir a ese hombre y a las mujeres en un masculino que no refleja la realidad, sino que nos aleja de ella.

El académico Bosque enuncia que al desdoblar los sustantivos y adjetivos en masculino y femenino debiéramos hacerlo también con los animales; para rebatir esta cuestión quiero citar una frase de María Jesús Izquierdo, profesora de Teoría Sociológica, que afirma que “toda hembra no es mujer” a las hembras de los animales se las debía nombrar cuando fuera pertinente y necesario pero a las mujeres, que no hembras, se las debía incluir siempre en el lenguaje.

También hay quienes piensan que lo relevante es nombrar a las mujeres incluso cuando haya que incumplir una norma. Muchas voces se alzaron Para que una lengua tenga voces como “presidenta” pero para eso solo hacen falta dos cosas: que haya mujeres que presidan y que haya hablantes que quieran explícitamente expresar que las mujeres presiden. Pregúntese por qué no se han levantado voces contra el uso del femenino “sirvienta”. (Fundeu BBVA asesorada por la RAE).

Los fenómenos lingüísticos sexistas pueden y deben evitarse sin agredir las normas gramaticales. (Iniciativa Comunitaria EQUAL ES-272 “Creando Futuro en las Sierras Norte de Extremadura”). Esta corriente de lenguaje inclusivo considera que lengua española no es sexista, ofrece posibilidades para que no se produzca discriminación sexual en el uso del idioma, son necesarios algunos cambios en el lenguaje para que se pueda nombrar a las mujeres, lo que va a suponer la realización de mensajes más precisos y más justos que reflejen una realidad más equitativa que la que se reflejaba hasta ahora.

 

Neomachismos (Violencia simbólica)

La violencia simbólica es un concepto acuñado por Pierre Bourdieu  y se utiliza para describir una relación social donde se ejerce un modo de violencia indirecta tan normalizada que, habitualmente, no somos conscientes  de dichas prácticas. Esto pone bien a las claras que el machismo sigue vivo, es cierto que no se consideraría apropiado declarar abiertamente la inferioridad de las mujeres, se tacharía de discriminación explicita y por ello rechazable. Pero si existe un machismo arraigado, con raíces profundas, un machismo encubierto y oculto de  actitudes y comportamientos que  pretenden reforzar la supuesta inferioridad de las féminas y que constituyen lo que actualmente se denomina “neomachismo”.

Aunque el término -neo- alude a nuevo; no son nuevas formas de discriminación surgidas en nuestras sociedades,  son formas antiguas que permanecían ocultas en la propia estructura, son “la argamasa”, plantea Alda Facio. Son los resortes que sostienen ese maltrato y lo perpetúan y está presente en todas las demás formas de violencia garantizando que sean efectivas.

Nuestra sociedad está impregnada de violencia simbólica: letras de canciones,  chistes, anuncios… basados en estereotipos. Aquellas personas que son conscientes son descalificadas por intentar “problematizar un asunto que no era considerado tal”  Se las tacha de victimistas, exageradas, lloronas,  de no tener humor, ser unas histéricas…

La violencia simbólica mantiene una sería de mitos y creencias falsas como:

  • Equiparación del machismo con el feminismo.
  • Intento de desprestigio de la labor que realiza el feminismo.
  • Descalificación y agravio de las personas feministas.
  • Ridiculización de las personas que pretenden la inclusión de las mujeres en el lenguaje.
  • Intento de calificar de injusta e ilegal a la ley.
  • Pretensión de dar la vuelta a los significados de los conceptos, en un intento de criminalizar la lucha contra las violencias sobre las mujeres.
  • Calificación de las maltratadas de aprovechadas y acaparadoras. olvidando a los/as menores.
  • Difusión de mitos: denuncias falsas, muertes de hombres a manos de mujeres…
  • Manipulación de datos oficiales: falseamiento y adulteración de datos autorizados, a través de estudios propios y meras opiniones.

La Indumentaria Manchega

¡Ya huele a Feria! Con la elección de manchegas y manchegos, que se suele llevar a cabo a últimos de agosto, comienza la tarea  que ha de hacer posible que nuestra Feria sea de las mejores de España e incluso del mundo. Pero el esfuerzo debe ser de todas las personas que de alguna manera participamos en la misma, nuestra Feria tendrá la importancia que le queramos dar y será valorada en función del cuidado con el que organicemos y realicemos cualquiera de los actos que conforman la misma.

Con respecto a la indumentaria manchega,  no sólo está compuesta por el traje sino que también incluye el peinado, el calzado y los complementos; e indudablemente, en los últimos años se viene observando un descuido, una dejadez por parte de una gran mayoría de participantes, en especial mujeres. Se pueden ver grupos que no se adaptan a los cánones tradicionales y ellas van con el pelo suelto.

Puede haber discrepancias con respecto al refajo, corpiño, pañuelo…pero está admitido, yo diría que universalmente; que las mujeres no deben ir con el pelo suelto si de lo que se trata es de darle el empaque, la elegancia y la riqueza que representa el llevar la indumentaria completa y eso requiere el uso de los rodetes y el moño de picaporte con sus horquillas correspondientes.

Nuestras tradiciones son muy ricas y es un legado que debemos dejarle a nuestras generaciones venideras y, considero, que no debemos degradarla en beneficio de una supuesta comodidad porque entonces habremos claudicado y aquello que podría lucirse con dignidad y elegancia queda convertido en un disfraz. Me llama la atención el que las Falleras vayan vestidas y peinadas tal como lo hacían antiguamente y eso es digno de alabanza porque ellas cuidan hasta el menor detalle, sin embargo,  nosotras, teniendo una indumentaria tan rica como ellas al menor inconveniente nos “soltamos el pelo” ( obsérvese las connotaciones).

Contribuyamos a darle un mayor brillo, riqueza y elegancia a nuestra indumentaria porque eso repercute en nuestra Feria.

Neomachismo o Machismo

Laura Nuño, Directora de la Cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos) afirma que “Los varones siguen teniendo un espacio de privilegios que reproducen o perpetúan a través de lo que se está llamando  neomachismo o micromachismos “.

El machismo sigue vivo, es cierto que no se consideraría apropiado declarar abiertamente la inferioridad de las mujeres, se tacharía de discriminación explicita y por ello rechazable. Pero si existe un machismo arraigado, con raíces profundas, un machismo encubierto y oculto de  actitudes y comportamientos que  pretenden reforzar la supuesta inferioridad de las féminas y que constituyen lo que actualmente se denomina “neomachismo”.

Aunque el término -neo- alude a nuevo; no son nuevas formas de discriminación surgidas en nuestras sociedades,  son formas antiguas que permanecían ocultas en la propia estructura del sistema y que estaban “normalizadas”  en el sistema patriarcal. Es el mismo machismo de siempre pero que permanecía oculto y casi  imperceptible para personas no ejercitadas en la materia, solo que se han revelado y sacado a la luz.

La corriente neomachista se caracteriza por intentar equiparar el machismo con el feminismo  cuando, en realidad,  son términos antagónicos puesto que el primero pretende  que la supremacía de los varones  permanezca inalterable y prevalezca el estatu de superioridad de los mismos. Mientras que el feminismo  lucha por la igualdad de derechos, oportunidades y trato entre hombres y mujeres.

Son machistas no nuevos ni viejos, sino de siempre, quienes dicen defender la igualdad  pero solo lo quieren hacer a su manera para que ello les permita seguir con sus privilegios. Es indignante comprobar el daño que producen personas influyentes, con poder y dominio en las redes sociales y que contribuyen a crear opinión;  cuando   catalogan de “feminazis” a todas las feministas,  a quienes trabajan por la igualdad. El propio término está impregnado  de violencia puesto que alude a que hay mujeres que matarían a los hombres por el hecho de serlo. Es inmoral afirmar que el movimiento feminista no lucha por principios éticos. No es lícito y, además, no se ajusta a la verdad, expresar que pretenden la supremacía y subordinación de los hombres.

Con respecto a la violencia de género, un neomachista se posiciona en contra de ella, al menos de cara a la galería, pero luego siempre alude a que la ley está contra todos los hombres, no contra los maltratadores. Al mito de las denuncias falsas, a que las mujeres denuncian con falsedad porque quieren acaparar los bienes de la familia. Sin analizar las evidencias de las fuentes en las que puede consultar y comprobar que es una falsedad interesada y olvidándose de los y las menores que, normalmente,  se quedan con la madre.

Es fundamental sacar a la luz estos comportamientos, actitudes y palabras que denigran a la mitad de la población del mundo. Hombres y mujeres podemos  y debemos caminar juntos y a la par.

 

 

 

 

Las mujeres toman la palabra

“En un mundo donde el lenguaje y el nombrar las cosas son poder, el silencio es opresión y violencia” Adrianne Rich

En “Sobre usos y abusos de la distinción de género” María Luisa Calero (Glosa V, 1994) criticaba desde un punto de vista academicista la práctica tan extendida en los ámbitos sociales y políticos de la diferencia expresa masculino –femenino y lo tildaba de “género en estéreo” y de uso antieconómico del lenguaje. Abogando por el masculino genérico como englobador del masculino y el femenino. Pero le resultó llamativo que fueran sus colegas varones quienes la felicitaran especialmente por aquel artículo y esto la hizo ponerse en alerta.

El estudio del lenguaje que habían realizado numerosas filólogas   y la fragancia de libertad que se desprendía fueron destruyendo aquella teoría y haciéndole ver que el problema adquiría una dimensión diferente.

La incorporación de la mujer al uso público del lenguaje-afirma- que  desarrollará inevitables repercusiones en las lenguas particulares y considera de mucha trascendencia el que la mujer tome la palabra más allá de los ámbitos privados. Las voces femeninas van conquistando el espacio que les corresponde y surgen nuevos conceptos (Ej. Sororidad) y nuevas expresiones que hacen evolucionar el lenguaje y mantenerlo vivo.

Es fundamental la expresión de la experiencia vital para quien la vive, no se puede permitir que otros se erijan en portavoces de nuestros deseos, ni que hagan suyos los mensajes que solo a nosotras corresponde codificar, articular y transmitir. Es ella misma quien debe ajustar la lengua a sus necesidades expresivas.

El lenguaje ha ido formándose desde una perspectiva androcéntrica y eso lo califica como viciado o al menos deficitario. Pero las lenguas son los suficientemente dúctiles para acoger las nuevas formas que se les pueda imprimir. No se produciría ningún cataclismo por eso.

Se trata de hacernos  audibles y visibles  y en esta acción el lenguaje puede ir modificando nuestra visión del mundo ya que las lenguas configuran la percepción y un lenguaje libre de elementos sexistas puede ejercer influencia y nos puede orientar de una determinada manera.

Debemos atrevernos a tomar posesión de los espacios lingüísticos que nos corresponden.

“Del silencio al lenguaje(perspectivas desde la otra orilla)” María Luisa Calero, En masculino y en femenino, Instituto de la Mujer. Madrid 1999.