Neomachismo o Machismo

Laura Nuño, Directora de la Cátedra de Género de la Universidad Rey Juan Carlos) afirma que “Los varones siguen teniendo un espacio de privilegios que reproducen o perpetúan a través de lo que se está llamando  neomachismo o micromachismos “.

El machismo sigue vivo, es cierto que no se consideraría apropiado declarar abiertamente la inferioridad de las mujeres, se tacharía de discriminación explicita y por ello rechazable. Pero si existe un machismo arraigado, con raíces profundas, un machismo encubierto y oculto de  actitudes y comportamientos que  pretenden reforzar la supuesta inferioridad de las féminas y que constituyen lo que actualmente se denomina “neomachismo”.

Aunque el término -neo- alude a nuevo; no son nuevas formas de discriminación surgidas en nuestras sociedades,  son formas antiguas que permanecían ocultas en la propia estructura del sistema y que estaban “normalizadas”  en el sistema patriarcal. Es el mismo machismo de siempre pero que permanecía oculto y casi  imperceptible para personas no ejercitadas en la materia, solo que se han revelado y sacado a la luz.

La corriente neomachista se caracteriza por intentar equiparar el machismo con el feminismo  cuando, en realidad,  son términos antagónicos puesto que el primero pretende  que la supremacía de los varones  permanezca inalterable y prevalezca el estatu de superioridad de los mismos. Mientras que el feminismo  lucha por la igualdad de derechos, oportunidades y trato entre hombres y mujeres.

Son machistas no nuevos ni viejos, sino de siempre, quienes dicen defender la igualdad  pero solo lo quieren hacer a su manera para que ello les permita seguir con sus privilegios. Es indignante comprobar el daño que producen personas influyentes, con poder y dominio en las redes sociales y que contribuyen a crear opinión;  cuando   catalogan de “feminazis” a todas las feministas,  a quienes trabajan por la igualdad. El propio término está impregnado  de violencia puesto que alude a que hay mujeres que matarían a los hombres por el hecho de serlo. Es inmoral afirmar que el movimiento feminista no lucha por principios éticos. No es lícito y, además, no se ajusta a la verdad, expresar que pretenden la supremacía y subordinación de los hombres.

Con respecto a la violencia de género, un neomachista se posiciona en contra de ella, al menos de cara a la galería, pero luego siempre alude a que la ley está contra todos los hombres, no contra los maltratadores. Al mito de las denuncias falsas, a que las mujeres denuncian con falsedad porque quieren acaparar los bienes de la familia. Sin analizar las evidencias de las fuentes en las que puede consultar y comprobar que es una falsedad interesada y olvidándose de los y las menores que, normalmente,  se quedan con la madre.

Es fundamental sacar a la luz estos comportamientos, actitudes y palabras que denigran a la mitad de la población del mundo. Hombres y mujeres podemos  y debemos caminar juntos y a la par.

 

 

 

 

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Autor: Maria Rosa Candel Tárraga

Apenas era una niña de dos o tres años cuando mi madre me puso unas gafas color violeta. A través de estos cristales yo he ido mirando, analizando, criticando y construyendo el mundo y las relaciones entre las personas. Estudié lo que pude -Magisterio-, pero, indudablemente, aquello supuso un golpe de suerte, ejercer la labor docente es una profesión que me ha permitido enriquecerme extraordinariamente: la relación con tantas personas, todas tan interesantes, me ha aportado grandes satisfacciones en la vida. Soy profesora de personas adultas y he trabajado en muchos campos: el folklore, las danzas, las enseñanzas iniciales, los clubes de lectura… Siempre he enfocado el trabajo y la vida desde la perspectiva violeta. Formé parte del Seminario de Mujer de la Federación de Universidades Populares. Soy Agente de Igualdad para las mujeres-por titulación y vocación. Formo parte de la Comisión Transversal de Género del Ayuntamiento de Albacete y he llevado y llevo a cabo todos los programas relacionados con el género que organiza la U.P de mi ciudad. Mi labor es sencilla: apoyar a todas las mujeres del mundo. Estoy enredada en la red de sororidad, de la que habla Marcela Lagarde, desde que mi madre me puso las gafas color violeta. Toda mi vida.

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