No “permiten” los malos tratos.

Revisando los términos de búsqueda que se utilizan en internet sobre malos tratos y violencia de género, observó con estupor que, concretamente en  mi blog  https://rosacandel.es/,   se utiliza de forma habitual “¿por qué algunas mujeres permiten ser maltratadas? ¿Por qué se permiten los malos tratos, etc. Dado que la pregunta tiene algunas implicaciones absolutamente contrarias a las víctimas de violencia así como a la propia esencia de la violencia de género, me parece adecuado aclarar lo siguiente.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el verbo “permitir” significa ‘hacer posible [algo]’ y, dicho de una persona, ‘dar permiso u ofrecer la posibilidad [de que algo se produzca]. El verbo “permitir”, por tanto, implica que la víctima de violencia de género consiente, accede, aprueba… esta conducta, se trataría de un acto de autoridad por su parte.

Nada más lejos de la realidad descartada hace años la teoría del masoquismo (https://rosacandel.es/2010/04/10/por-que-las-mujeres-maltratadas-no-abandonan-a-sus-agresores/ ) modelo explicativo que propone que son las víctimas las que tienen necesidad de diluir su sentimiento de culpa a través de los malos tratos  y que  el maltratador responde a esta “necesidad”. Esta teoría  masoquista tiene su crítica en la medida en que la víctima no puede crear al verdugo. El maltratador actúa y convierte en víctima a su pareja. SI NO HAY VERDUGO NO HAY VÍCTIMA.

El efecto de este pensamiento es muy destructivo en la medida en que se considera a las mujeres sujetos activos. Olvida las enormes dificultades tanto psicológicas como sociales y emocionales que sufren las mujeres maltratadas y que hace que algunas permanezcan en esa situación tan inhumana durante mucho tiempo.

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Autor: Maria Rosa Candel Tárraga

Apenas era una niña de dos o tres años cuando mi madre me puso unas gafas color violeta. A través de estos cristales yo he ido mirando, analizando, criticando y construyendo el mundo y las relaciones entre las personas. Estudié lo que pude -Magisterio-, pero, indudablemente, aquello supuso un golpe de suerte, ejercer la labor docente es una profesión que me ha permitido enriquecerme extraordinariamente: la relación con tantas personas, todas tan interesantes, me ha aportado grandes satisfacciones en la vida. Soy profesora de personas adultas y he trabajado en muchos campos: el folklore, las danzas, las enseñanzas iniciales, los clubes de lectura… Siempre he enfocado el trabajo y la vida desde la perspectiva violeta. Formé parte del Seminario de Mujer de la Federación de Universidades Populares. Soy Agente de Igualdad para las mujeres-por titulación y vocación. Formo parte de la Comisión Transversal de Género del Ayuntamiento de Albacete y he llevado y llevo a cabo todos los programas relacionados con el género que organiza la U.P de mi ciudad. Mi labor es sencilla: apoyar a todas las mujeres del mundo. Estoy enredada en la red de sororidad, de la que habla Marcela Lagarde, desde que mi madre me puso las gafas color violeta. Toda mi vida.

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