Educación en Igualdad:Enrédate

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman en “Amor líquido” y “Vidas desperdiciadas” habla de una sociedad que se mueve vertiginosamente a través de individuos “líquidos”; es decir, personas sin vínculos duraderos que tienen la necesidad de desarrollarlos y establecen modos de contacto efímeros basados en la conexión y desconexión continua.
Se establecen relaciones virtuales de fácil acceso y salida. Un contacto alcanzado, sin compromiso, implica su desechabilidad y obsolescencia en un paralelismo con los productos que consumimos.
El ser humano temeroso de ser consumido y desechado, ante la angustia de sentirse superfluo, inútil y rechazado; se parapeta y procura que no le altere nada, ni siquiera el amor.

Según un estudio realizado por Elena Rodríguez San Julián e Ignacio Megias Quirós (Fundación Reina Sofía) sobre adolescencia y juventud,  en relación a las identidades de género en la adolescencia; se constata la presencia de estereotipos sexistas en chicos y chicas de 14 a 19 años. Se atribuyen, no solo, características diferentes, sino que también,  estas diferencias profundizan  en las etiquetas tradicionales, en los atributos y cualidades diferentes en chicas y chicos.

Se considera que ellas son más capaces de comprender a los demás, de dar cariño y de reflexionar, además de más espirituales. El 56% de las personas encuestadas piensa que las  chicas son sensibles y tiernas frente a solo un 5% de los chicos. Se considera que las chicas están más centradas en los sentimientos y la afectividad y por ello las características más destacadas en ellas son la sensibilidad y la ternura. Según William Ickes el hecho de que los hombres parezcan a veces ser socialmente insensibles puede tener que ver más con la imagen que desean transmitir que con la habilidad empática que poseen. Las chicas se esfuerzan en ser más empáticas porque es lo que se espera de ellas.

La encuesta presenta a las chicas como muy preocupadas por su imagen (46% frente a un 12 % de los chicos). Sin embargo, otra encuesta (2008) realizada a chicos y chicas de 1º y 4º de la ESO, llevada a cabo por profesionales sanitarios de un  Centro de Salud  de Almería, entre un total de 120 adolescentes de entre 12 y 15 años; establece que tres de cada cuatro adolescentes no están conformes con su reflejo, no importa que sean chicos o chicas, ya que ambos sexos cambiarían el aspecto físico que se tiene a esas edades. Entre las chicas, el deseo es adelgazar, y ellos quieren músculos.

Los chicos son considerados dinámicos, activos, autónomos, emprendedores en la misma medida, prácticamente, que las chicas son catalogadas como  sensibles y tiernas. Ellos son mejores para el deporte, más decididos, más hábiles con la tecnología y más capaces de enfrentar problemas.

Con respecto a los celos, no es desdeñable que el 32% considera muy o bastante normal la existencia de celos en la pareja, también superior entre los chicos que entre las chicas (35% y 29% respectivamente). El mito de los celos como ingrediente del amor sigue funcionando.

Con respeto a otro mito del amor romántico muy extendido, el de la “media naranja” Un 17% (hasta el 26% de los chicos) cree que una mujer necesita del amor de una pareja para sentirse realizada, y un 15% (el 20% de los varones) que un chico necesita del amor de una pareja para sentirse realizado. De hecho en la encuesta un 42 % de los chicos y chicas le da mucha importancia a la relación de pareja.

La primera pareja normalmente se tiene entre los 13 y 14 años, siendo los chicos un poco más precoces que las chicas. La fidelidad es lo más importante en la pareja. En cuanto a las relaciones, la mayoría (59,4%) piensa que el chico debe proteger a la chica.

Se cree que las relaciones entre chicas son más conflictivas. La amistad entre chicos se piensa que es más sincera y leal. Con las chicas se comparten mejor los intereses más afectivos (amorosos, sexuales y familiares) Con los chicos se comparten preocupaciones generales (amigos, estudio, trabajo…)

El machismo se piensa que está presente en otras generaciones, pero no en ellos.

Son numerosas las teorías que posibilitan que las mujeres maltratadas permanezcan con sus agresores, algunas, durante muchos años.

La psicóloga norteamericana L. Walker, basándose en la teoría del aprendizaje social de la desesperanza o indefensión aprendida de M. Seligman; concluyó que las mujeres víctimas de malos tratos al ser aisladas y maltratadas al comienzo de una relación donde habían depositado su esperanza de un proyecto de vida feliz; trataban de modificar la situación minimizando los hechos violentos. Así mismo, trataban de aplazar la agresión cediendo a las exigencias del agresor. Aunque pasado un tiempo la violencia regresaba ya que comprobó que era cíclica.

En un principio la víctima cree que puede controlar la violencia pero esta es cada vez de mayor gravedad y con mayor frecuencia. La víctima permanece atenta a su agresor para evitar su irritación, se olvida de sí misma y realiza solo aquello que le puede interesar a él, así se aumenta la vulnerabilidad y la dependencia.

La mayoría de los agresores alternan dos tipos de conductas diferentes y opuestas: comportamientos cariñosos y agresivos. Con los cariñosos logra convencer a la victima de que la violencia no volverá a repetirse y al resto de las personas de que es un ser afable y cordial.

En las fases más avanzadas, el agresor amenaza a la víctima o a sus familiares  con actos violentos muy graves si esta llegara a abandonarlo.

La violencia es aprendida en edad muy temprana y se va construyendo a lo largo de la vida, por ello requiere mucho tiempo y esfuerzo eliminarla de la conducta. El cambio debe partir del reconocimiento de que son ellos quienes tienen que modificar la conducta y comprender que la violencia no es una respuesta posible frente a hechos o situaciones que no le satisfacen.

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El diccionario de la RAE define la palabra  mito1  como una historia imaginaria que altera las verdaderas cualidades de una persona o de una cosa y les da más valor del que tienen en realidad. Este valor añadido que desfigura la realidad y que nos hace partícipes o espectadores de la violencia contra las mujeres, es el mito de las denuncias falsas.

En “La Educación: antídoto contra la violencia de género”  (Trabajo de investigación del Máster en Malos Tratos y Violencia de Género: un enfoque multidisciplinar) realicé una encuesta en dos grupos de trabajo; uno con un proceso de coeducación de varios años. El resultado es la constatación del dislate ya que el 46% opinaba que las mujeres denuncian con falsedad para quedarse con los bienes de la familia mientras que un 54% pensaba que si una mujer da el paso de denunciar es porque es maltratada. Este dato refleja muy a las claras el estado de la cuestión ya que casi la mitad de la población  magnifica y agranda extraordinariamente unos pocos casos y así se alimenta el mito.

Según  el informe publicado por  la Fiscalía General del Estado que estudia la incidencia de las denuncias falsas desde el año 2009,  en los últimos cinco años se han producido un total de 657.084 denuncias por violencia machista, pero sólo 120, un 0,018%, derivaron en un procedimiento por denuncia falsa. De esos 120 procesos por denuncias falsas, sólo 33 han terminado con una sentencia condenatoria, por lo que sólo está acreditado que un 0,005% de las acusaciones son falsas. Además según el Consejo General del Poder Judicial el 85% de las sentencias de violencia de género y que condenan al agresor son dictadas de conformidad con los acusados, es decir, se reconocen culpables” pero, seguimos manteniendo esa farsa.

Con esta situación  las mujeres maltratadas sufren doble victimización: la de sus parejas y la de la sociedad que no las cree y pone en tela de juicio sus denuncias,  basándose en creencias falsas e ideas erróneas. Por otra parte, y no menos importante, es que casi nadie piensa a priori que en otros delitos hay también denuncias falsas y que hay una cantidad mayor de las que se producen en relación a la violencia de género.

Abordemos la violencia de género desde la categorización de la lacra que nos avergüenza y no eludamos el problema basándonos en unos casos aislados que, desgraciadamente, se siguen produciendo en todos los ámbitos delictivos.

 En la prehistoria, en el periodo de los nidos arbóreos, hombres y mujeres eran nómadas, caminaban con sus crías a la espalda –mientras estas no podían andar–, recogían bayas de los arbustos, y luego, al oscurecer, al igual que algunos animales, se subían a las copas a descansar entre las ramas. Su vida, dura y monótona, era corta, no pasaban de los 18 o 20 años.Las cosas cambiaron en cuanto se descubrió el refugio y se inventó la caza: las mujeres no tenían –en general– la fuerza necesaria para enfrentarse a los grandes animales, solían, además, estar embarazadas. A partir de este momento empezaron a definirse las distintas misiones cotidianas de uno y otro sexo. En principio no había nada establecido, esto sucedió mucho después. Y cuando se olvidó aquella necesidad inicial, la distribución de deberes pareció algo impuesto desde fuera y discriminador (Clara Janés “Guardar la casa y cerrar la boca” En torno a la mujer y la literatura).

Esta manera de ver las cosas, el papel de las mujeres en las primeras sociedades, tiene que ver bastante, desde mi punto de vista; con una manera de analizar la realidad pasada como un devenir de la presente.

Estudios muy concienzudos sobre el papel de las mujeres en estas etapas, manifiestan que las mujeres participaban en la caza aunque  de forma restringida; pero no debido a falta de fuerza (ya que las diferencias en la fuerza  son individuales y no varían por cuestión del sexo) sino debido al “tabú de la sangre” es decir, en aquella mentalidad era muy peligroso, ocasión de peligro mortal, mezclar la sangre del animal y las de las mujeres que menstruaban. Además este tabú se hacía  extensivo a los guerreros que habían asesinado y habían derramado sangre de algún compañero. Parece cierto que las mujeres participaban en la caza de forma restringida realizando todas las tareas que excluyeran la posibilidad de manar sangre del animal.

Todas las actividades que conlleva este trabajo han estado ocultas porque lo realizaban las mujeres y no se les ha dado la importancia debida. Podemos establecer un paralelismo con el trabajo que realizan las mujeres Sami  del reno (Estudio etnográfico de  Solveig Joks ) donde se constata que los varones que se dedican al pastoreo de renos no perciben el trabajo que realizan las mujeres a pesar de su importancia para el sostenimiento de la actividad.

Por otra parte, es importante señalar que las mujeres no estaban permanentemente embarazadas. Esto se debía al  tipo de alimentación con un alto déficit de proteínas que cesaban los ciclos reproductivos. Parece ser que una mujer se podía quedar embarazada cada 3 años aproximadamente.

“División sexual del trabajo:la mujer y la caza” Alain Testart.

” Las mujeres samis del reno” Joks Solveig.

Uno de los objetivos que me impulsaron a  administrar este blog es que fuera un centro de recursos para trabajar la igualdad entre hombres y mujeres en las aulas. Tenía bastante material que había desarrollado con mis grupos y consideré que estar aquí podría significar que mi trabajo se podría multiplicar y eso siempre sería positivo de cara a mi tarea educativa. Pero a mí me eligieron ellas, las mujeres maltratadas, tengo algo que me une: la solidaridad y la enorme implicación con sus problemas y su situación.

La violencia de género tiene muchos frentes, muchos aspectos en los que hay que incidir desde la base, desde las primeras etapas: es la educación en  igualdad, por un lado; y desde el compromiso y la profesionalidad, por el otro, ya sea en aspectos educativos o de tratamiento de víctimas.

Uno de los problemas que más inquietan es comprender por qué una mujer “aguanta” los malos tratos, algunas durante mucho tiempo. En general,  la sociedad a estas mujeres, lejos de considerarlas víctimas;   las considera culpables de recibirlos y eso junto a la enorme distorsión psicológica que sufren,  que incluso ellas se consideran responsables de los malos tratos;  produce la doble victimización.

En este intento de comprenderlas, de apoyarlas y ofrecerles un respiro o un desahogo fue creciendo este blog. Sucedió que eligieron mi página para poder hablar, comunicarme cómo se encontraban, su caso concreto y así vinieron muchos mensajes.

Podría haber elegido otro cualquiera pero hoy escojo éste porque me sirve para ratificar que hay una vida libre de violencia, que es posible recuperarse y vivir una vida mejor, que es posible la esperanza.

 “Yo también fui víctima de violencia. Me costó trabajo tomar la decisión de apartarme, pero lo hice; es muy difícil y el proceso también. El dejar de pensar en que quizá podrías estar mejor […] No estamos solas y de nosotras depende  acabar con ello. Tengo una pequeña, que aparentemente no sufría maltrato; sin embargo, ha cambiado tanto. Hoy en día es una niña muy feliz, da besos abrazos y sonríe mucho (antes no lo hacía).

Comprendí que estaba dañando a mi hija y no solo me sentía muerta en vida, comenzaba a sentirme mal, débil, sofocada… sentía que iba a morir… se me estaba esfumando la vida. Y lo peor, es que un acto de violencia no te deja disfrutar de tus hijos como deberíamos. A veces pensamos que es mejor que los hijos crezcan a lado de sus padres… pero ¿para qué?, para hacerlos infelices?, violentos?, retraídos?, miedosos? Y precisamente por eso principalmente, decidí ponerle fin… primero por mi hija y después por mí. Porque no merecía esa vida.

Ahora me siento libre, tranquila, FELIZ. Lo más difícil es volver a ser uno mismo, recuperarse de la despersonalización. En cuanto al papá de mi hija, “no pienso que sea buen padre” porque no le enseña cosas buenas y por lo tanto, estoy pidiendo que no tenga visitas con la niña o bien, que sean vigiladas. Ojalá en el juicio salga bien.

Pensé que el miedo era más fuerte, pero no es así. No puedo permitir seguir viviendo así, con el temor de que un día cumpla sus amenazas. Mejor terminar con ello no creen. Por el momento nos otorgaron un acta restrictiva.

Si hay quienes ayudan, también se debe buscar apoyo de personas cercanas, terapia y valor. Tiene casi 6 meses de que lo deje y no me arrepiento de ello, he encontrado en mi camino gente buena que me ha ayudado y amigos, que regresaron a mi lado.

No desistan, no aguanten, valemos más de lo que nosotras mismas creemos. Ojalá pudiera hacer algo por ustedes […] Un fuerte abrazo a todas.

No te conozco y aún así te digo que Te Quiero y que para mí vales mucho”

Este es el mensaje de esperanza que quiero transmitir.

En las sociedades occidentales se sitúa el amor conyugal en el centro de aspiración de la vida de las mujeres. En el caso de las mujeres más bien se trata de ser amadas porque amar es “algo que se nos da”, somos seres amorosos. Es un amor  diferenciado para hombres y para mujeres aunque la ideología nos hace pensar que es el mismo, que el amor es universal. Pero el amor no es idéntico ni recíproco es desigual y diferente.

Los hombres forman parte del sujeto del  “amor” como lo son de la economía, de la política, de la sexualidad, etc. En realidad construir una pareja es construir una dispareja; porque los hombres gozan de un conjunto de poderes que las mujeres no tenemos. Afirma Kate Millet que nadie llega al coito en vacío sino que llega con las diferencias socialmente construidas y enormemente normadas; tanto que podríamos afirmar que tipo de pareja estamos buscando.

Nos enamoramos por los signos que manifiesta esa persona y nosotras descodificamos. Hay una educación, una performance, una construcción de la subjetividad de cada uno de lo que significa amar, de qué se siente al amar. El amor es un desbordarse, es romper los límites y poder entrar en contacto profundo con el otro. Pero para los hombres su educación amorosa no es de romper límites ni tampoco desbordarse; es más bien contenerse.

El amor romántico plantea la pérdida de límites, la fusión con el otro, la simbiosis. Se busca una dependencia vital.  Pero, a veces, no entendemos la diferencia entre la manera que amamos y la manera en la que somos amadas.

  “El amor es como una travesía y un lugar con alguien, el anhelo de la sintonía del deseo, la palabra y la mirada, no sobre la amada o el amado, sino sobre un mundo avizorado por compartir, un camino para andar juntos y construir, crear algo mejor” Doris Lessing

Cibergrafía: “Desmontando el mito del amor romántico” Marcela Lagarde, Fuenlabrada 2013.

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