Los ojos del miedo (Experiencia de un hombre igualitario)

Nunca los había visto tan de cerca, los ojos del miedo, hasta aquella tarde que fui, acompañado de mi pareja, a visitar a una amiga común. Había tenido un accidente, era el motivo por el que fuimos a visitarla. La realidad que nos encontramos, era mucho más horrible, la cara amoratada, los labios cosidos, lo peor, la más lacerante de las heridas, era que habían sido producidas por la persona que se supone, más la quería, su marido.  Es obvio decir, que nos prestamos a ofrecer toda clase de ayuda, a recomendar la denuncia por agresión (no fue un accidente cayendo por las escaleras, como había dicho). Todo fue inútil, lo que más me dolió fue el modo en que sucumbimos y le prometimos, como nos pidió, que no dijésemos nada, como fuimos capaces de jurarle silencio. Una vez en casa, frente al espejo, me sentí sucio, sí, me sentí sucio de ser hombre, porque el miedo que vi, no solo era al hombre que le pegó, era miedo a la incomprensión, a ser juzgada (porque algún motivo habría, para ser golpeada)  a la indefensión (¿Cuánto tiempo puede estar protegida? ¿Cuándo se cansaran de hacerlo? ¿Y, después que?) , el miedo a ser mujer y no poder evitarlo. Porque los hombres siempre tendrán el privilegio de la fuerza y del poder sobre la razón. ¿Siempre? Esa fue la pregunta que me hice. En la respuesta, se encontraría  la sanación a mi vergüenza por haber permitido, mis privilegios de hombre frente a las mujeres. Decidí tomar partido por las relaciones igualitarias y por desterrar el machismo y los conceptos patriarcales, que conducen a la violencia contra las mujeres. Tome partido, para no volver a ver ni imaginar nunca más, aquellos ojos del miedo.

     Pedro José Prieto Buñuel.

Apuntes sobre género

Margaret Mead en su libro “Sexo y temperamento en las sociedades primitivas” (1950) expuso el comportamiento de 3 tribus: Arapesh, Mundugumor y Chambuli (Nueva Guinea) muy próximas entre sí. Descubrió que en una de ellas tanto hombres como mujeres se comportaban como consideramos que deben hacerlo las mujeres, con reacciones paternales y amorosas; en la segunda, ambos actuaban como consideramos que deben hacerlo los hombres, educando enérgicamente; y en la tercera, los hombres se comportaban de acuerdo con el modelo estereotipado que tenemos de las mujeres: se rizaban el pelo, usaban adornos… y las mujeres, al contrario. La conclusión que ella misma extrae es que es importante comprender como una sociedad puede moldear a todos los hombres y mujeres nacidos en su seno para tan solo aproximar a unos pocos en su ideal de conducta adecuado o como limitar a un solo sexo en un ideal de conducta que otra sociedad consigue limitar al sexo opuesto.
M. Mead afirmó que la visión antropológica le había proporcionado apertura mental a la hora de mirar, escuchar y recopilar lo que no hubiese sido capaz de imaginar y, personalmente, considero que esa visión que nos proporciona la antropología nos hace plantearnos como “lo masculino” y “lo femenino” es producto y construcción social amén de que se incluyan cuestiones temperamentales en el sentido de cualidades innatas.
Simone de Beauvoir afirmaba que no se nace mujer, se hace mujer (“On ne nait pas femme, on la deviene”. De machos y hembras nos convertimos en hombres y mujeres a través del proceso de socialización: es decir, aprendemos e interiorizamos lo masculino y lo femenino de acuerdo a lo que esa sociedad considera que es lo válido y aceptable. Esto es lo que se entiende como “genero” y por ello el género no es universal.
La antropóloga Marcela Lagarde (Méjico, 1948) afirma que el género es un hecho sociocultural aprehendido que establece diferentes mandatos de género que determinan los diferentes atributos que deben tener lo que se llama mujer y hombre a través de las construcciones de la masculinidad y la feminidad. Nacemos sexuadas, con características sexuales específicas y es a partir de ellos que aprendemos los contenidos de género (Claves feministas para la negociación en el amor).

De la violencia de género se puede salir.

Próxima la conmemoración  del “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres”  y abrumada por las cifras de la vergüenza; mujeres asesinadas a manos de sus parejas o exparejas,  explotadas sexualmente, que no pueden mostrar su rostro, o caminar solas, o ir a la escuela… conducir, o ni siquiera reír…  Mujeres que no pueden elegir la ropa que quieren ponerse porque el acompañante de turno es quien decide si los centímetros de la falda son los adecuados o si el escote puede “perturbar” o no a los santos varones.

Violencias y microviolencias que sufren las mujeres en todos los lugares del mundo. Y en este “infierno” al que según Amelia Valcárcel están condenadas muchas féminas por el simple hecho de nacer mujeres, a veces surge una esperanza, alguna mujer  ha alcanzado una vida libre de violencia, ha logrado salir de la cárcel de su hogar y ha conseguido librarse de su verdugo.En este sentido va este comentario.

Yo pase por algo similar.. Y hace 2 años pude salir de esa situacion.. Hoy lo veo las cosas desde lejos y no puedo creer en la persona que era.. Y como pude amar y justificar tanto a alguien que seguramente nunca me quiso… Lei una vez una frase y me quedo grabada.. “Como no te iba a amar con todas esas virtudes que te invente.” y es tal cual… Hoy estoy en pareja con la persona mas maravillosa del mundo.. Que me respeta y me quiere.. no se den por vencidas.. Se puede salir!

Sí, se puede salir.

Instinto o amor maternal

Durante mucho tiempo hemos aceptado que las mujeres (que todas las hembras) tienen instinto maternal; es decir, que cuando una mujer es madre, dentro de su propia naturaleza encuentra las respuestas a su nueva condición. Esta teoría descartada por la etología, hay hembras que no participan de  los cuidados de la prole, pervive en nuestra cultura y aquellas madres que no se ocupan del cuidado de su descendencia,  se consideran madres desnaturalizadas.

Los “fallos” del instinto maternal se observan en todas las épocas, así E. Badinter en el Prefacio de su libro  “Existe el amor maternal?”  Se pregunta si hay que considerar anormales a esas madres que el siglo XVIII, en Francia,  ignoran ese instinto y abandonan a sus bebés  y afirma que contrariamente a las ideas que hemos recibido tal vez no esté profundamente inscrito en la naturaleza femenina. Si observamos la evolución de las actitudes maternales comprobamos que el interés y la dedicación se manifiestan o no […] las diferentes maneras de expresar el amor maternal van del más al menos, pasando por nada o casi nada.

Incluso cuando hayamos abandonado el instinto por el amor, amor maternal, lo dotamos de las mismas cualidades que aquel, es decir, lo naturalizamos. Pero el amor maternal es sólo un sentimiento humano. Y como todo sentimiento, incierto frágil e imperfecto.

Amor Sólido vs Amor Líquido

El sociólogo polaco Zygmunt Bauman en “Amor líquido” y “Vidas desperdiciadas” habla de una sociedad que se mueve vertiginosamente a través de individuos “líquidos”; es decir, personas sin vínculos duraderos que tienen la necesidad de desarrollarlos y establecen modos de contacto efímeros basados en la conexión y desconexión continua.
Se establecen relaciones virtuales de fácil acceso y salida. Un contacto alcanzado, sin compromiso, implica su desechabilidad y obsolescencia en un paralelismo con los productos que consumimos.
El ser humano temeroso de ser consumido y desechado, ante la angustia de sentirse superfluo, inútil y rechazado; se parapeta y procura que no le altere nada, ni siquiera el amor.

Estereotipos en la adolescencia

Según un estudio realizado por Elena Rodríguez San Julián e Ignacio Megias Quirós (Fundación Reina Sofía) sobre adolescencia y juventud,  en relación a las identidades de género en la adolescencia; se constata la presencia de estereotipos sexistas en chicos y chicas de 14 a 19 años. Se atribuyen, no solo, características diferentes, sino que también,  estas diferencias profundizan  en las etiquetas tradicionales, en los atributos y cualidades diferentes en chicas y chicos.

Se considera que ellas son más capaces de comprender a los demás, de dar cariño y de reflexionar, además de más espirituales. El 56% de las personas encuestadas piensa que las  chicas son sensibles y tiernas frente a solo un 5% de los chicos. Se considera que las chicas están más centradas en los sentimientos y la afectividad y por ello las características más destacadas en ellas son la sensibilidad y la ternura. Según William Ickes el hecho de que los hombres parezcan a veces ser socialmente insensibles puede tener que ver más con la imagen que desean transmitir que con la habilidad empática que poseen. Las chicas se esfuerzan en ser más empáticas porque es lo que se espera de ellas.

La encuesta presenta a las chicas como muy preocupadas por su imagen (46% frente a un 12 % de los chicos). Sin embargo, otra encuesta (2008) realizada a chicos y chicas de 1º y 4º de la ESO, llevada a cabo por profesionales sanitarios de un  Centro de Salud  de Almería, entre un total de 120 adolescentes de entre 12 y 15 años; establece que tres de cada cuatro adolescentes no están conformes con su reflejo, no importa que sean chicos o chicas, ya que ambos sexos cambiarían el aspecto físico que se tiene a esas edades. Entre las chicas, el deseo es adelgazar, y ellos quieren músculos.

Los chicos son considerados dinámicos, activos, autónomos, emprendedores en la misma medida, prácticamente, que las chicas son catalogadas como  sensibles y tiernas. Ellos son mejores para el deporte, más decididos, más hábiles con la tecnología y más capaces de enfrentar problemas.

Con respecto a los celos, no es desdeñable que el 32% considera muy o bastante normal la existencia de celos en la pareja, también superior entre los chicos que entre las chicas (35% y 29% respectivamente). El mito de los celos como ingrediente del amor sigue funcionando.

Con respeto a otro mito del amor romántico muy extendido, el de la “media naranja” Un 17% (hasta el 26% de los chicos) cree que una mujer necesita del amor de una pareja para sentirse realizada, y un 15% (el 20% de los varones) que un chico necesita del amor de una pareja para sentirse realizado. De hecho en la encuesta un 42 % de los chicos y chicas le da mucha importancia a la relación de pareja.

La primera pareja normalmente se tiene entre los 13 y 14 años, siendo los chicos un poco más precoces que las chicas. La fidelidad es lo más importante en la pareja. En cuanto a las relaciones, la mayoría (59,4%) piensa que el chico debe proteger a la chica.

Se cree que las relaciones entre chicas son más conflictivas. La amistad entre chicos se piensa que es más sincera y leal. Con las chicas se comparten mejor los intereses más afectivos (amorosos, sexuales y familiares) Con los chicos se comparten preocupaciones generales (amigos, estudio, trabajo…)

El machismo se piensa que está presente en otras generaciones, pero no en ellos.

La indefensión aprendida

Son numerosas las teorías que posibilitan que las mujeres maltratadas permanezcan con sus agresores, algunas, durante muchos años.

La psicóloga norteamericana L. Walker, basándose en la teoría del aprendizaje social de la desesperanza o indefensión aprendida de M. Seligman; concluyó que las mujeres víctimas de malos tratos al ser aisladas y maltratadas al comienzo de una relación donde habían depositado su esperanza de un proyecto de vida feliz; trataban de modificar la situación minimizando los hechos violentos. Así mismo, trataban de aplazar la agresión cediendo a las exigencias del agresor. Aunque pasado un tiempo la violencia regresaba ya que comprobó que era cíclica.

En un principio la víctima cree que puede controlar la violencia pero esta es cada vez de mayor gravedad y con mayor frecuencia. La víctima permanece atenta a su agresor para evitar su irritación, se olvida de sí misma y realiza solo aquello que le puede interesar a él, así se aumenta la vulnerabilidad y la dependencia.

La mayoría de los agresores alternan dos tipos de conductas diferentes y opuestas: comportamientos cariñosos y agresivos. Con los cariñosos logra convencer a la victima de que la violencia no volverá a repetirse y al resto de las personas de que es un ser afable y cordial.

En las fases más avanzadas, el agresor amenaza a la víctima o a sus familiares  con actos violentos muy graves si esta llegara a abandonarlo.

La violencia es aprendida en edad muy temprana y se va construyendo a lo largo de la vida, por ello requiere mucho tiempo y esfuerzo eliminarla de la conducta. El cambio debe partir del reconocimiento de que son ellos quienes tienen que modificar la conducta y comprender que la violencia no es una respuesta posible frente a hechos o situaciones que no le satisfacen.