Las chicas son de ciencias

Llama la atención que ahora se haga una campaña para que las chicas elijan carreras científicas. Nunca es tarde para ello, aunque la educación, al menos la formal, se debía haber puesto antes a la tarea. Desde hace tiempo numerosos estudios apuntaban a que chicos y chicas se dirigían hacia profesiones y oficios con un marcado carácter sexista o al menos muy tradicional. es decir, reproducían los roles que desde antiguo se atribuían a mujeres y hombres en la familia y los trasladaban a su oficio o profesión.

Las expectativas tienen que ver mucho con los resultados de una asignatura y a las chicas no se las motivaba lo suficiente para que tuvieran confianza en si mismas y accedieran a campos masculinizados. No se esperaba de ellas la elección de carreras científicas y la orientación que se hacía iba en dirección contraria y la elección estaba dirigida de antemano. Se habla de vocación pero previo a esta hay todo un curriculum oculto que es el que ha influido en ello.

En las universidades españolas, las chicas son mayoría en la carreras sociales o educativas y los chicos en las carreras científicas o tecnológicas. Aunque una vez concluidos los estudios y aunque sea una carrera feminizada, los puestos de autoridad y con mayor beneficio económico serán ocupados por los hombres y las mujeres irán en un mayor porcentaje al paro o tendrán un contrato más precario.

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No “permiten” los malos tratos.

Revisando los términos de búsqueda que se utilizan en internet sobre malos tratos y violencia de género, observó con estupor que, concretamente en  mi blog  https://rosacandel.es/,   se utiliza de forma habitual “¿por qué algunas mujeres permiten ser maltratadas? ¿Por qué se permiten los malos tratos, etc. Dado que la pregunta tiene algunas implicaciones absolutamente contrarias a las víctimas de violencia así como a la propia esencia de la violencia de género, me parece adecuado aclarar lo siguiente.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el verbo “permitir” significa ‘hacer posible [algo]’ y, dicho de una persona, ‘dar permiso u ofrecer la posibilidad [de que algo se produzca]. El verbo “permitir”, por tanto, implica que la víctima de violencia de género consiente, accede, aprueba… esta conducta, se trataría de un acto de autoridad por su parte.

Nada más lejos de la realidad descartada hace años la teoría del masoquismo (https://rosacandel.es/2010/04/10/por-que-las-mujeres-maltratadas-no-abandonan-a-sus-agresores/ ) modelo explicativo que propone que son las víctimas las que tienen necesidad de diluir su sentimiento de culpa a través de los malos tratos  y que  el maltratador responde a esta “necesidad”. Esta teoría  masoquista tiene su crítica en la medida en que la víctima no puede crear al verdugo. El maltratador actúa y convierte en víctima a su pareja. SI NO HAY VERDUGO NO HAY VÍCTIMA.

El efecto de este pensamiento es muy destructivo en la medida en que se considera a las mujeres sujetos activos. Olvida las enormes dificultades tanto psicológicas como sociales y emocionales que sufren las mujeres maltratadas y que hace que algunas permanezcan en esa situación tan inhumana durante mucho tiempo.

El impulso sexual en las mujeres

En la sociedad occidental existe una creencia generalizada de que la disposición del aparato genital masculino, situado externamente, favorece un mayor impulso sexual en los hombres, sin embargo, la antropología nos muestra que hay pueblos donde precisamente por  la disposición del aparato genital femenino, interno, las mujeres tienen un mayor impulso sexual que los hombres.

El modelo de sexualidad femenina tradicional señala que la mujer tiene un bajo impulso sexual (si lo tiene) que sólo se activa bajo el empuje de un hombre. Y cuando se despierta lo hace siempre orientado por los aguijones del amor (no del deseo), manteniendo un perfil de intensidad bajo que sólo se activa cuando el compañero se empeña en ello. Aunque no se dice de un modo explícito, dicho modelo lleva implícita la idea de que la sexualidad femenina está, entonces, al servicio de la masculina (que la despierta cuando desea sentirse satisfecha) y al servicio de la especie (la orientarse exclusivamente hacia la reproducción) Este modelo está más vigente en la mente de la gente de lo que suele creerse. El 87% (casi nueve de cada diez) de la población masculina y femenina sigue creyendo en nuestros días que el impulso sexual femenino es menos intenso que el masculino; cuando desde hace varias décadas existen datos señalando que ambos impulsos sexuales son similares en intensidad general, en rapidez y fuerza de respuesta a estímulos eróticos y en necesidad de satisfacerlo. También existen datos de muestran que una parte importante de mujeres (42%) son capaces de reaccionar al sexo con mayor rapidez e intensidad que el promedio de los hombres. Dos de cada tres mujeres aseguran sentir excitación sexual espontánea y una de cada tres afirma sentirlo a diario. Algo bastante lejos del modelo tradicional (Ramos, 2002)

Educación contra Violencia de Género

En los últimos años se ha producido un proceso de toma de conciencia de la sociedad sobre la gravedad del problema de la violencia de género. No es un fenómeno nuevo pero su reconocimiento y visibilización como problema social es relativamente reciente. Ésta ha sido considerada durante siglos un problema de las mujeres que lo sufrían, era una derecho del marido el poder corregir y castigar. Así pues, la violencia era considerada normal, pertenecía al ámbito de lo privado y como consecuencia era un problema personal de la mujer que la sufría. La teoría feminista, teoría crítica de la sociedad, lo que hace es irracionalizar e inmoralizar estos hechos y sumarlos y es así como  pasan de ser juzgados como casos aislados a formar parte de una categoría (Amorós Puente, 2011).

La violencia de género tiene un carácter estructural,  el ejercicio del poder de vida o muerte, está en la estructura del patriarcado y en su ideología y es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales, que han conducido a la dominación de la mujer por el hombre, teniendo como premisa la diferencia sexual, principal recurso para construir la desigualdad. En esta  relación de poder entre lo masculino y lo femenino, el patriarcado ha incorporado la diferencia pero también el dominio (Leal González y Arconada Melero, 2011).

El carácter estructural de la violencia se puso de manifiesto en la IV Conferencia Mundial de la  Mujer celebrada en Beijing en 1995, donde se afirma que  los  derechos humanos de las mujeres y las niñas son parte inalienable, integral e indivisible de todos los derechos humanos y libertades fundamentales Al considerarla un atentado contra  tales derechos, queda establecido que no es una cuestión personal sino que tiene un carácter social, Se manifiesta, al mismo tiempo, que a fin de superar la violencia contra las mujeres es preciso medidas públicas eficaces para hacer frente tanto a las causas como a las consecuencias de la violencia. Así mismo se establece que los sistemas educacionales deberían promover el respeto propio, el respeto mutuo y la cooperación entre mujeres y hombres.

La educación, en consecuencia,  debe poner de manifiesto que la violencia contra las mujeres es una estrategia para mantener el orden patriarcal establecido y  colaborar en eliminar las causas de la opresión de las mujeres, al tiempo que tiene la obligación de articular acciones reparadoras de las desventajas provocadas por la desigualdad. Luchar contra este fenómeno con el objetivo de lograr el  empoderamiento de las mujeres y la equidad, mínimos para construir sociedades democráticas (Leal González y Arconada Melero, 2011)

Para prevenir la violencia de género son necesarias acciones positivas en el marco de la educación, se trata de invertir en igualdad, por ello el espacio educativo debe comprometerse y ser capaz de generar nuevos valores para cambiar los comportamientos violentos. Una educación en igualdad y para la igualdad debe apostar por un futuro en el que se garanticen los derechos humanos de las mujeres y se corrijan las desigualdades en el acceso a la autoestima, la libertad, la independencia económica, los tiempos y los espacios Debemos educar para que se perciba la violencia de género como un problema social y una estrategia inmoral para frenar la igualdad. Favorecer que se repiense la masculinidad y la feminidad y las relaciones entre ellas, creando identidades sexuales no hegemónicas y así construir un futuro mejor (Leal González y Arconada Melero, 2011).

 

Uso correcto de “Consejo de Ministras y Ministros”

La RAE cataloga como ‘correcta’ la fórmula ‘Consejo de Ministras y Ministros’. Sin embargo, dice que el Consejo de ministros no podrá denominarse “de Ministras”, aunque sean mayoría, puesto que “induce a confusión”

En esta ocasión la RAE no considera que haya que respetar aquella regla tan manida de la economía en el lenguaje y manifiesta que es correcto decir “Consejo de Ministros y Ministras”. Si nos ciñéramos a dicha regla, podríamos decir “Consejo de Ministras”, ahorramos palabras y respetamos, nombramos, a la gran mayoría de mujeres en el Consejo;  pero, sin embargo, se afirma que no podrá denominarse “de Ministras”, aunque sean mayoría, puesto que “induce a confusión”.

En este sentido la Real Academia de la Lengua Española admite que cuando hablamos de ministros tenemos que realizar el salto semántico (que denomina Álvaro Meseguer en “Lenguaje y discriminación sexual”) para saber si nos referimos a hombres solo o incluimos también a las mujeres y, además, admite que eso crea confusión en el lenguaje. Por tanto, viene a dar la razón a lingüistas que propugnan la inclusión de hombres y mujeres en el lenguaje, nombrando a unas y otros.

Se avecina un tiempo de vacilación en el uso pero con el tiempo se consolidará y lo consideraremos natural y correcto incluso los y las detractoras del uso.

 

Las mujeres en el callejero de Albacete

Llega a mis manos un folleto con un nombre rimbombante “Las mujeres llenan las calles” en donde viene una breve biografía de seis mujeres de otras tantas calles de Albacete que llevan su nombre.

María Marín: concejal del Ayuntamiento de Albacete y fundadora de instituciones de caridad.
Carmen Ibáñez: folklorista insigne, recopiladora del Folklore musical de la provincia de Albacete.
Guillermina Medrano: nacida en Albacete, primera mujer concejala del Ayuntamiento de Valencia.
Elisa Piqueras Lozano: escultora y política, luchadora contra el fascismo.
Carmen Conde: poeta, prosista, dramaturga, ensayista y maestra española, y una de las voces más significativas de la generación del 27.

Mikel Barriola, arquitecto e impulsor de la cultura local, ha clasificado los nombres de las calles en 11 categorías, de las cuales, en porcentaje, las mujeres ocupan el 5ª lugar.

  •  Los hombres cuadruplican en número a las mujeres (245 frente a 49).
  • Las calles referidas a nombres relacionados con la geografía, religión y naturaleza ocupan un porcentaje mayor que el de las féminas.
  • Estas son seguidas muy de cerca por nombres de oficios, locales y folclóricos.

1 Hombre 245 34,8%
2 Geografía 133 18,9%
3 Religioso 94 13,3%
4 Naturaleza 58 8,2%
5 Mujer 49 7,0%
6 Oficios 47 6,7%
7 Local 44 6,2%
8 Folclóricos 21 3,0%
9 Ficción 7 1,0%
10 Fecha 5 0,7%
11 Historia 2 0,3%

http://callesdealbacete.blogspot.com.es/

Podríamos decir que durante mucho tiempo las mujeres han estado en el anonimato y hoy día es difícil sacar a la luz a tantas dignas de ser recordadas en nuestra ciudad. Pero esta labor que puede ser ardua históricamente ni siquiera es contrarrestada por las numerosas calles que se abren hoy día pero que son denominadas por nombres tan peregrinos como materias de estudio o personajes de ficción cuasi desconocidos para la inmensa mayoría y, una vez mas, se vuelven a olvidar de las mujeres.

Finalmente expresa su autora, Encarni Alcalá Orsi, que las calles son parte esencial de nuestras vidas, nos guían a nuestros destinos y sueños; de ahí el deseo, o mas bien la necesidad, de que más mujeres llenen el callejero de nuestra ciudad. Coincido: las féminas tiene que ocupar el lugar que les corresponde.

 

“Macho alfa”

Los medios de comunicación son fundamentales a la hora de crear opinión y fueron muy importantes al ofrecer una dimensión social de la violencia de género. En Canal Sur TV, Ana Orantes ( diciembre de 1997) contó, hizo pública, una vida plagada de violencia; con el relato de su vida se puso de manifiesto la cruda realidad de muchas mujeres y también se mostró que la violencia de género no es un problema de quien lo sufre sino que es un problema social.  Al sacar a la luz esta lacra y hacerlo fuera de los límites privados de lo doméstico, de la casa,  actúo como revulsivo en la sociedad puesto que a partir de ahí se enfocó el problema desde una perspectiva diferente. Ese hito marcó un antes y un después no solo en los mass media sino en las leyes y en la sociedad en general.

Precisamente hoy, día 7 de marzo de 2018, víspera de esa jornada histórica de huelga de mujeres,  he escuchado  en la radio de Castilla la Mancha esta noticia comentada por una periodista: se juzga a un hombre que pegó y encerró a su mujer en el patio porque ésta se había negado a enseñarle su teléfono móvil…Hasta aquí un relato sin connotación;  sino fuera porque la periodista ha calificado al individuo como “macho alfa” y esto supone un punto de inflexión en los relatos ya que antes, en los distintos medios de comunicación, los maltratadores y asesinos de sus parejas o ex parejas eran calificados como “personas normales” .Mis felicitaciones a la periodista por su valentía y ojalá que cunda el ejemplo.