La palabra en las mujeres.

Afirma A. Martín Casares en “Cultura, mitos y estereotipos sexuales” que las mujeres se han considerado tradicionalmente como “parlanchinas” porque no han sido comparadas con respecto a los hombres en su capacidad de comunicación sino con respecto al silencio.

El modelo de mujer parlanchina está ampliamente documentado en los escritores de la España renacentista y aún se mantiene en nuestro días. A pesar de que las evidencias etnográficas muestran que los hombres no solo hablan mas que las mujeres sino que interrumpen mucho mas.

Entiendo que las relaciones entre hombres y mujeres donde el hombre no escucha y no respeta la palabra de estas, es otra forma de dominación patriarcal adquirida en el proceso de socialización. Los atributos de lo masculino y lo femenino nos condicionan para establecer relaciones igualitarias en donde la actitud en las conversaciones debe ser la escucha activa.

A los niños se los educa con la idea de que son más importantes que las niñas, que son capaces de razonar con mayor objetividad y en colegios, guarderías e instituciones educativas son el centro de atención en detrimento de las niñas. Así aprenden que lo que dicen es muy importante y merece ser escuchado y, normalmente, cuando son adultos tienden a reproducir estos monólogos.

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Mil asesinadas, la cifra de la vergüenza

La violencia que se dirige sobre las mujeres por el hecho mismo de serlo, por ser consideradas por sus agresores, carentes de los derechos mínimos de libertad, respeto y capacidad de decisión es lo que se define como Violencia de Género. El 10 de junio de 2019 alcanzamos  la vergonzosa  cifra de mil mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas aunque hay que tener en cuenta que en España se tienen datos desde 2003 puesto que antes de categorizar eso como violencia de género se hablaba de crímenes pasionales intentando mantener en el terreno estrictamente privado algo que es un grave problema social. De estas 1000 mujeres 607 han sido asesinadas por su pareja y el resto por exparejas o estando en fase de separación.

La IV Conferencia Mundial de 1995 reconoció que es un obstáculo para lograr los objetivos de igualdad, desarrollo y paz y viola y menoscaba el disfrute de los derechos humanos y las libertades fundamentales. Además la define ampliamente como una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres. Por otra parte la ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género establece que la violencia de género se manifiesta como el símbolo más brutal de la desigualdad existente en nuestra sociedad.

En la realidad española, las agresiones sobre las mujeres tienen una especial incidencia, existiendo hoy una mayor conciencia que en épocas anteriores sobre ésta, gracias, en buena medida, al esfuerzo realizado por las organizaciones de mujeres en su lucha contra todas las formas de violencia de género. Ya no es un «delito invisible», sino que produce un rechazo colectivo y una evidente alarma social. Aunque ahora se abre paso una corriente negacionista que intenta un totum revolutum de la violencia y que sería un obstáculo importante para luchar contra ella y un paso atrás.

Las chicas son de ciencias

Llama la atención que ahora se haga una campaña para que las chicas elijan carreras científicas. Nunca es tarde para ello, aunque la educación, al menos la formal, se debía haber puesto antes a la tarea. Desde hace tiempo numerosos estudios apuntaban a que chicos y chicas se dirigían hacia profesiones y oficios con un marcado carácter sexista o al menos muy tradicional. es decir, reproducían los roles que desde antiguo se atribuían a mujeres y hombres en la familia y los trasladaban a su oficio o profesión.

Las expectativas tienen que ver mucho con los resultados de una asignatura y a las chicas no se las motivaba lo suficiente para que tuvieran confianza en si mismas y accedieran a campos masculinizados. No se esperaba de ellas la elección de carreras científicas y la orientación que se hacía iba en dirección contraria y la elección estaba dirigida de antemano. Se habla de vocación pero previo a esta hay todo un curriculum oculto que es el que ha influido en ello.

En las universidades españolas, las chicas son mayoría en la carreras sociales o educativas y los chicos en las carreras científicas o tecnológicas. Aunque una vez concluidos los estudios y aunque sea una carrera feminizada, los puestos de autoridad y con mayor beneficio económico serán ocupados por los hombres y las mujeres irán en un mayor porcentaje al paro o tendrán un contrato más precario.

No “permiten” los malos tratos.

Revisando los términos de búsqueda que se utilizan en internet sobre malos tratos y violencia de género, observó con estupor que, concretamente en  mi blog  https://rosacandel.es/,   se utiliza de forma habitual “¿por qué algunas mujeres permiten ser maltratadas? ¿Por qué se permiten los malos tratos, etc. Dado que la pregunta tiene algunas implicaciones absolutamente contrarias a las víctimas de violencia así como a la propia esencia de la violencia de género, me parece adecuado aclarar lo siguiente.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua el verbo “permitir” significa ‘hacer posible [algo]’ y, dicho de una persona, ‘dar permiso u ofrecer la posibilidad [de que algo se produzca]. El verbo “permitir”, por tanto, implica que la víctima de violencia de género consiente, accede, aprueba… esta conducta, se trataría de un acto de autoridad por su parte.

Nada más lejos de la realidad descartada hace años la teoría del masoquismo (https://rosacandel.es/2010/04/10/por-que-las-mujeres-maltratadas-no-abandonan-a-sus-agresores/ ) modelo explicativo que propone que son las víctimas las que tienen necesidad de diluir su sentimiento de culpa a través de los malos tratos  y que  el maltratador responde a esta “necesidad”. Esta teoría  masoquista tiene su crítica en la medida en que la víctima no puede crear al verdugo. El maltratador actúa y convierte en víctima a su pareja. SI NO HAY VERDUGO NO HAY VÍCTIMA.

El efecto de este pensamiento es muy destructivo en la medida en que se considera a las mujeres sujetos activos. Olvida las enormes dificultades tanto psicológicas como sociales y emocionales que sufren las mujeres maltratadas y que hace que algunas permanezcan en esa situación tan inhumana durante mucho tiempo.

El impulso sexual en las mujeres

En la sociedad occidental existe una creencia generalizada de que la disposición del aparato genital masculino, situado externamente, favorece un mayor impulso sexual en los hombres, sin embargo, la antropología nos muestra que hay pueblos donde precisamente por  la disposición del aparato genital femenino, interno, las mujeres tienen un mayor impulso sexual que los hombres.

El modelo de sexualidad femenina tradicional señala que la mujer tiene un bajo impulso sexual (si lo tiene) que sólo se activa bajo el empuje de un hombre. Y cuando se despierta lo hace siempre orientado por los aguijones del amor (no del deseo), manteniendo un perfil de intensidad bajo que sólo se activa cuando el compañero se empeña en ello. Aunque no se dice de un modo explícito, dicho modelo lleva implícita la idea de que la sexualidad femenina está, entonces, al servicio de la masculina (que la despierta cuando desea sentirse satisfecha) y al servicio de la especie (la orientarse exclusivamente hacia la reproducción) Este modelo está más vigente en la mente de la gente de lo que suele creerse. El 87% (casi nueve de cada diez) de la población masculina y femenina sigue creyendo en nuestros días que el impulso sexual femenino es menos intenso que el masculino; cuando desde hace varias décadas existen datos señalando que ambos impulsos sexuales son similares en intensidad general, en rapidez y fuerza de respuesta a estímulos eróticos y en necesidad de satisfacerlo. También existen datos de muestran que una parte importante de mujeres (42%) son capaces de reaccionar al sexo con mayor rapidez e intensidad que el promedio de los hombres. Dos de cada tres mujeres aseguran sentir excitación sexual espontánea y una de cada tres afirma sentirlo a diario. Algo bastante lejos del modelo tradicional (Ramos, 2002)

Educación contra Violencia de Género

En los últimos años se ha producido un proceso de toma de conciencia de la sociedad sobre la gravedad del problema de la violencia de género. No es un fenómeno nuevo pero su reconocimiento y visibilización como problema social es relativamente reciente. Ésta ha sido considerada durante siglos un problema de las mujeres que lo sufrían, era una derecho del marido el poder corregir y castigar. Así pues, la violencia era considerada normal, pertenecía al ámbito de lo privado y como consecuencia era un problema personal de la mujer que la sufría. La teoría feminista, teoría crítica de la sociedad, lo que hace es irracionalizar e inmoralizar estos hechos y sumarlos y es así como  pasan de ser juzgados como casos aislados a formar parte de una categoría (Amorós Puente, 2011).

La violencia de género tiene un carácter estructural,  el ejercicio del poder de vida o muerte, está en la estructura del patriarcado y en su ideología y es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales, que han conducido a la dominación de la mujer por el hombre, teniendo como premisa la diferencia sexual, principal recurso para construir la desigualdad. En esta  relación de poder entre lo masculino y lo femenino, el patriarcado ha incorporado la diferencia pero también el dominio (Leal González y Arconada Melero, 2011).

El carácter estructural de la violencia se puso de manifiesto en la IV Conferencia Mundial de la  Mujer celebrada en Beijing en 1995, donde se afirma que  los  derechos humanos de las mujeres y las niñas son parte inalienable, integral e indivisible de todos los derechos humanos y libertades fundamentales Al considerarla un atentado contra  tales derechos, queda establecido que no es una cuestión personal sino que tiene un carácter social, Se manifiesta, al mismo tiempo, que a fin de superar la violencia contra las mujeres es preciso medidas públicas eficaces para hacer frente tanto a las causas como a las consecuencias de la violencia. Así mismo se establece que los sistemas educacionales deberían promover el respeto propio, el respeto mutuo y la cooperación entre mujeres y hombres.

La educación, en consecuencia,  debe poner de manifiesto que la violencia contra las mujeres es una estrategia para mantener el orden patriarcal establecido y  colaborar en eliminar las causas de la opresión de las mujeres, al tiempo que tiene la obligación de articular acciones reparadoras de las desventajas provocadas por la desigualdad. Luchar contra este fenómeno con el objetivo de lograr el  empoderamiento de las mujeres y la equidad, mínimos para construir sociedades democráticas (Leal González y Arconada Melero, 2011)

Para prevenir la violencia de género son necesarias acciones positivas en el marco de la educación, se trata de invertir en igualdad, por ello el espacio educativo debe comprometerse y ser capaz de generar nuevos valores para cambiar los comportamientos violentos. Una educación en igualdad y para la igualdad debe apostar por un futuro en el que se garanticen los derechos humanos de las mujeres y se corrijan las desigualdades en el acceso a la autoestima, la libertad, la independencia económica, los tiempos y los espacios Debemos educar para que se perciba la violencia de género como un problema social y una estrategia inmoral para frenar la igualdad. Favorecer que se repiense la masculinidad y la feminidad y las relaciones entre ellas, creando identidades sexuales no hegemónicas y así construir un futuro mejor (Leal González y Arconada Melero, 2011).

 

Uso correcto de “Consejo de Ministras y Ministros”

La RAE cataloga como ‘correcta’ la fórmula ‘Consejo de Ministras y Ministros’. Sin embargo, dice que el Consejo de ministros no podrá denominarse “de Ministras”, aunque sean mayoría, puesto que “induce a confusión”

En esta ocasión la RAE no considera que haya que respetar aquella regla tan manida de la economía en el lenguaje y manifiesta que es correcto decir “Consejo de Ministros y Ministras”. Si nos ciñéramos a dicha regla, podríamos decir “Consejo de Ministras”, ahorramos palabras y respetamos, nombramos, a la gran mayoría de mujeres en el Consejo;  pero, sin embargo, se afirma que no podrá denominarse “de Ministras”, aunque sean mayoría, puesto que “induce a confusión”.

En este sentido la Real Academia de la Lengua Española admite que cuando hablamos de ministros tenemos que realizar el salto semántico (que denomina Álvaro Meseguer en “Lenguaje y discriminación sexual”) para saber si nos referimos a hombres solo o incluimos también a las mujeres y, además, admite que eso crea confusión en el lenguaje. Por tanto, viene a dar la razón a lingüistas que propugnan la inclusión de hombres y mujeres en el lenguaje, nombrando a unas y otros.

Se avecina un tiempo de vacilación en el uso pero con el tiempo se consolidará y lo consideraremos natural y correcto incluso los y las detractoras del uso.