Lecturas

Palabras

Los libros se escriben con palabras, pero han de ir primera y directamente al corazón, que ha de darlos por buenos, hermosos y verdaderos.  (Andrés Trapiello)

La lectura frecuente es el mejor medio que tenemos para adueñarnos del lenguaje y de sus creaciones. Es el gran instrumento, el obvio instrumento. La riqueza léxica, la argumentación, la explicación, la expresión de nuestros sentimientos, la comprensión de los ajenos, la libertad de pensamiento, se adquieren a través de la lectura.  (José A. Marina y Maria de la Válgoma)

Pero los libros son como aquel jardín secreto del que hablara F. H Burnett, en su célebre novela homónima: no basta con saber que están ahí, sino que hay que encontrar la puerta que nos permite entrar en su interior. (Gustavo Martín Garzo).

“Un árbol crece en Brooklyn”. Betty Smith

Película de Elia Kazan

Son mágicos los instantes en que un niño se  entera de  que puede leer las palabras impresas.

Durante un tiempo, Francie sólo sabia pronunciar las letras una a una, para luego juntar los sonidos y formar una palabra. Pero un día,  mientras ojeaba un libro, la palabra “ratón” le apareció entera y de  inmediato adquirió sentido. Miró la palabra y de repente un ratón gris se estampó en sus cabeza […] La barrera entre el sonido de cada letra y el sentido de una palabra entera se había caído. Ahora, con un simple vistazo, la palabra entera le revelaba su sentido. Leyó rápidamente unas páginas y estuvo a punto de desmayarse por la emoción. Quería gritarlo al mundo entero: ¡sabía leer! ¡Sabía leer!

A partir de entonces el mundo se hizo suyo a través de la lectura. Nunca más se sentiría sola, nunca más añoraría la compañía de un amigo querido. Los libros se volvieron sus únicos aliados.  Había uno para cada momento. Los de poesía eran compañeros tranquilos, los de aventuras eran bienvenidos cuando se aburría, y las biografías cuando deseaba conocer a alguien. Ya adolescente, llegarían las historias de amor. La tarde que descubrió que podía leer, se prometió leer un libro al día durante el resto de su vida.

“Al morir Don Quijote”. Andrés Trapiello

-Mejor me ha sabido, Antonia, y no hubiera querido que se me acabase nunca. Jamás habría pensado que el terminar algo, no siendo la vida causara tanta pena, y ha debido de ser que ese libro era como el maná, y cuando se me iba acabando, notaba yo que se me apagaba la vida misma, y estos días lo he leído tan despacio y tantas veces por no llegar al final, que ya no sabía como hacer. Y no saben vuesas mercedes cómo espero ahora su continuación, porque con un llamativo como este no podría ser mala la olla. Y ya veis, señor bachiller, que andáis errado en decir que no han de prestarse los libros, porque éste lo devuelvo como me lo entregasteis , si acaso no viene algo mejorado, que en eso digo yo que los libros serán como las personas, que cuanto más trato tienen con sus lectores mejores se vuelven.

Muerte de Don Quijote
Muerte de Don Quijote

En esta página puedes escuchar “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha” por capítulos.

Balzac y la joven costurera china”. Dai Sijie

{…Un día de descanso Luo, con el que nos intercambiábamos frecuentemente la ropa, cogió mi chaqueta de piel para ir al encuentro de la Sastrecilla en el lugar de sus citas, el ginkgo del valle del amor. “Después de haberle leído el texto de Balzac, palabra por palabra, – me contó- cogió la chaqueta y volvió a leerlo sóla, en silencio. Sólo se oían las hojas que se estremecían sobre nuestras cabezas; y un torrente lejano que corría en alguna parte. Hacía  buen día, el cielo era azul, de un azul paradisiaco. Al finalizar su lectura, quedó boquiabierta, inmóvil, con tu chaqueta en las manos al modo de esos creyentes que llevan un objeto sagrado en sus palmas.

“Ese viejo Balzac-prosiguió- es un verdadero brujo que ha posado una mano invisible en la cabeza de la muchacha; se había metamorfoseado, parecía soñadora. Permaneció unos instantes sin volver en sí, sin poner los píes en la tierra. Y terminó por ponerse tu jodida chaqueta, que por otro lado no le sentaba mal, y me dijo que el contacto de las palabras de Balzac sobre su piel le proporcionaría felicidad e inteligencia…”…}

EjecucionEnHuangShan

[…] El lenguaje es mucho más que un perfectísimo código. Forma parte de la estructura de nuestra inteligencia. Ejerce una función de comunicación más profunda, más variada que la mera transmisión de informaciones. Es la presencia de la sociedad en nuestra subjetividad personal, nos pone en comunicación con nosotros mismos, es la base de nuestro comportamiento voluntario, nos relaciona con los demás, hace posibles nuestros afectos y funda las grandes creaciones humanas que embellecen nuestras vidas […]( José Antonio Marina)

Dos Palabras. Isabel Allende

Tenía el nombre de Belisa Crepusculario, pero no por fe del bautismo o acierto de sus madre, sino porque ella misma lo busco hasta encontrarlo y se vistió con el. Su oficio era vender palabras. Recorría el país, desde las regiones más altas y frías hasta las costas calientes, instalándose en la feria y en los mercados, donde montaba cuatro palos con un toldo de lienzo, bajo el cual se protegía del sol y de la lluvia para atender a su clientela. No necesitaba pregonar su mercadería porque de tanto caminar por aquí y por allá todos la conocían. Había quienes la aguardaban de un año para otro, y cuando aparecía por la aldea con su atado bajo el brazo hacían cola frente a su tenderete .Vendía a precios justos. Por cinco centavos entregaba versos de memoria, por siete mejoraba la calidad de los sueños, por nueve escribía cartas de enamorados, por doce inventaba insultos para enemigos irreconciliables. También vendía cuentos pero no eran cuentos de fantasía, sino largas historias verdaderas que recitaba de corrido, sin saltarse nada. Así llevaba las nuevas de un pueblo a otro .La gente le pagaba por agregar una o dos líneas: nació un niño, murió fulano, se casaron nuestros hijos, se quemaron las cosechas. En cada lugar se juntaba una pequeña multitud a su alrededor para oírla cuando comenzaba a hablar y así se enteraban de las vidas de otros, de los parientes lejanos, de los pormenores de la Guerra Civil. A quien le comprara cincuenta centavos, ella le regalaba una palabra secreta para espantar la melancolía. No era la misma para todos, por supuesto, porque eso habría sido un engaño colectivo, cada uno recibía la suya con la certeza de que nadie la empleaba para ese fin en el universo y más allá….]

Palabras
Palabras

Las grandes ideas que humanizan nuestra existencia-el derecho, la justicia, la razón, la igualdad, la dignidad-se crean y transmiten mediante palabras. No estamos hablando de literatura ni de diversión. Estamos hablando de algo inequívocamente más serio: del progreso humano, que se construye mediante las palabras, que nos permitirán diseñar los grandes proyectos de la humanidad. .  (José A. Marina y Maria de la Válgoma).

Si el libro que leemos no nos despierta, como un puño que golpeara el cráneo, ¿para qué lo leemos   (Frank Kafka)

“Fátima de los naufragios”. Lourdes Ortiz

¨ {…La mujer tenía enredados sus dedos en los bucles tan negros y prietos y se mecía hacia delante y hacia atrás. “A lo mejor no está muerto todavía, alguien debería acercarse y hacerle el boca a boca”, sugería Felipe, que había presenciado ya el rescate con vida de muchos otros que en un primer momento parecían perdidos. “Te digo que es fiambre”, repetía el Antonio,”y habría que quitárselo a la loca para proceder como hay que proceder, y alguien debería llamar  a la autoridad para que se hicieran cargo”.La mujer ahora ajena al corro de curiosos que se iba formando a pocos metros de distancia, besaba las mejillas del muchacho tan oscuro de piel y todos pudieron ver su sonrisa, la sonrisa de una madre que acaba de escuchar las primeras palabras balbucidas por su hijo, ta ,ta, pa ,pa, ma,  ma: una sonrisa suave, complacida. “Nuestra señora de los naufragios, virgen de las pateras, madre amantísima, ruega por nosotros”, comenzó a murmurar la mujer del Antonio cayendo de rodillas en la arena y una a una todas las mujeres fueron postrándose, mientras los hombres inclinaban la cabeza {…}Y entonces la mujer depositó con cuidado el cuerpo en el suelo, se puso de pie ,ya sin su manto, y todos pudieron ver la delgadez de sus caderas, sus escuálidos brazos y la silueta doblada de su cuerpo famélico. Y la mujer del Antonio fue hasta su casa y cuando regresó se acercó hasta la orilla y dejó caer junto al cuerpo del joven el geranio recién cortado, ese geranio amoratado,  que cultivaba en una gran lata a la puerta de sus casa, y poco a poco, una a una se fueron acercando todas las mujeres del pueblo con su ofrenda de flores amarillas y rojas y violetas, y  una de ellas, la Clara, se atrevió más y cerró los ojos del muchacho tan blancos y desorbitados en medio de aquella piel tan negra….}

Cuando una mujer escribe una novela protagonizada por una mujer, todo el mundo considera que está hablando sobre mujeres, mientras que cuando un hombre escribe una novela protagonizada por un hombre, todo el mundo considera que está hablando sobre el género humano. (Rosa Montero)

“El abanico de seda”. Lisa See

[…] Dicen que los hombres tienen el corazón de hierro, mientras que el de las mujeres es de agua. Eso se hace patente en las diferencias entre la escritura de los hombres y de las mujeres. La de ellos tiene más de 50000 caracteres, cada uno bien diferenciado, cada uno con profundos significados y matices. La de las mujeres quizá tenga seiscientos, que utilizamos fonéticamente, como bebés, para crear cerca de 10000 palabras. Para aprender y entender la escritura de los hombres hace falta toda una vida. La de las mujeres es algo que aprendemos de niñas, y necesitamos el contexto para captar su significado. Los hombres escriben acerca del reino exterior de la literatura, las cuentas y el rendimiento de los cultivos; las mujeres escriben acerca del reino interior de los hijos, las tareas domésticas y las emociones. Los hombres de la familia Lu estaban orgullosos del dominio que sus esposas tenían del nu shu y de sus habilidad para el bordado, aunque esas cosas eran tan importantes para la supervivencia como la ventosidad de un cerdo […]

Pies atrofíados

Es inútil que pretendamos convencer a nadie de que la lectura es más divertida que la televisión o más emocionante que el cine. No, la lectura es otra cosa. Sin duda es fuente de distracción pero sobre todo es una varita mágica que nos da poderes. En el fondo ya se sabe que la magia es cuestión de poder. (José Antonio Marina, María de la Válgoma)

“El Amor en los Tiempos del Cólera”. Gabriel García Márquez


[…] El doctor Juvenal Urbino había regresado al dormitorio, en los tiempos en que todavía se bañaba sin ayuda, y empezó a vestirse sin encender la luz. Ella estaba como siempre en su dulce estado fetal, los ojos cerrados, la respiración tenue y ese brazo de danza sagrada sobre la cabeza. Pero estaba a medio sueño, como siempre, y él lo sabía. Al cabo de un largo rumor de almidones de linos en la oscuridad, el doctor Urbino habló consigo mismo:

-Hace como una semana que me estoy bañando sin jabón-dijo.

Entonces ella acabó de despertar, recordó, y se volvió de rabia contra el mundo, porque en efecto había olvidado reponer el jabón en el baño […] En realidad no había transcurrido una semana como él decía para agravarle la culpa, pero sí tres días imperdonables, y la furia de sentirse sorprendida en falta acabó de sacarla de quicio. Como siempre se defendió atacando.

-Pues yo me he bañado todos estos días-gritó fuera de sí-  y siempre había jabón.

Aunque él conocía de sobra sus métodos de guerra, esta vez no pudo soportarlos. Se fue e vivir con cualquier pretexto profesional a  los cuartos de de internos del Hospital de la Misericordia, y sólo aparecía en la casa para cambiarse de ropa al atardecer antes de las consultas a domicilio. Ella se iba para la cocina cuando lo oía llegar, y allí permanecía hasta sentir en la calle los pasos de los caballos del coche. Cada vez que trataron de resolver la discordia en los tres meses siguientes, lo único que lograron fue atizarla. Él no estaba dispuesto a volver mientras ella no admitiera que no había jabón en el baño, y ella no estaba dispuesta a recibirlo mientras él no reconociera haber mentido a conciencia para atormentarla.

El incidente, por supuesto, les dio la oportunidad de evocar otros, muchos otros pleitos minúsculos de otros tantos amaneceres turbios. Unos resentimientos revolvieron los otros, reabrieron cicatrices antiguas, las volvieron heridas nuevas, y ambos se asustaron con la comprobación desoladora de que en tantos años de lidia conyugal no habían hecho mucho más que pastorear rencores. El llegó a proponer que se sometieran juntos a una confesión abierta, con el señor arzobispo si era preciso, para que fuera Dios quien decidiera como árbitro final si había o no había jabón el la jabonera del baño. Entonces ella, que tan buenos estribos tenía, los perdió con un grito histórico:

-¡A la mierda el señor arzobispo!

El improperio estremeció los cimientos de la ciudad dio origen a consejas que  no fue fácil desmentir, y quedó incorporado al habla popular con aires de zarzuela -¡A la mierda el señor arzobispo! Consciente de que había rebasado la línea, ella se anticipo a la reacción que esperaba del  esposo y lo amenazó con mudarse a la antigua casa de su padre, que todavía era suya, aunque estaba alquilada para oficinas públicas. No era una bravata: quería irse de veras, sin importarle el escándalo social, y el marido se dio cuenta a tiempo. Él no tuvo valor para desafiar sus prejuicios: cedió. No en el sentido de admitir que había jabón en el baño, pues habría sido un agravio a la verdad, sino en el de seguir viviendo en la misma casa, pero en cuartos separados y sin dirigirse la palabra. Así comían, sorteando la situación con tanta destreza que se mandaban recados con los hijos de un lado al otro de la mesa, sin que estos se dieran cuenta de que no se hablaban.

Como en el estudio no había baño, la formula resolvió el conflicto de los ruidos matinales, porque él entraba a bañarse después de haber preparado la clase, y tomaba precauciones reales para no despertar a la esposa. Muchas veces coincidían

Y se turnaban para cepillarse los dientes antes de dormir. Al cabo de cuatro meses, el se acostó en la cama matrimonial mientras ella salía del baño, como ocurría  a menudo, y se quedó dormid. Ella se acostó a su lado con bastante descuido para que despertara y se fuera. El despertó a medias, en efecto, pero en vez de levantarse apagó la veladora y se acomodó en su almohada. Ella lo sacudió por el hombro para recordarle que debía irse al estudió, pero él se sentía tan bien en la cama de plumas de los bisabuelos, que prefirió capitular.

-Déjame aquí-dijo-. Sí, había jabón. […]


La calidad literaria radica en la capacidad del texto de conferir a lo particular una dimensión universal. (Laura Freixas)

“Madame Bovary”. Gustave Flauvert

Saber muchas palabras no es sólo indispensable para evitar la monotonía, sino para hacer el camino transitable .Una palabra inventada es un camino nuevo para atravesar la realidad. Una palabra perdida es un camino perdido. No es cuestión de estética sino de utilidad práctica.

Madame Bovary

[…] Él se atormentaba para descubrir como declarársele; y siempre vacilando entre el temor de desagradarle y la vergüenza de ser tan pusilánime, lloraba de desánimo y de deseos. Después tomaba decisiones enérgicas; escribía cartas que luego rompía. Se señalaba fechas que iba retrasando. A menudo se ponía en camino, con el propósito de atreverse a todo; pero esta  resolución le abandonaba inmediatamente en presencia de Enma.[…] Enma por su parte nunca se preguntó si lo amaba. El amor, creía ella, debía llegar de pronto,  con grandes destellos y fulguraciones, celeste huracán que cae sobre la vida, la trastorna,  arranca voluntades como si fueran hojas y arrastra hacia el abismo el corazón entero. […

Rayuela. Julio Cortázar

Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo como poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apoltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los urgalios, consintiendo que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa covulcante de las mátricas, la jadeoyante embocapluvía del orgumio, los esproemios del merpasmoen una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé!. Volposados en la cresta del Aurelio, se sentían valparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las mariplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendias gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.

Pastora Imperio

“El Tiempo entre Costuras” María Dueñas

Había nacido en el verano de 1911, el mismo año en que Pastora Imperio se casó con el Gallo, vio la luz en México Jorge Negrete y en Europa decaía la estrella de un tiempo al que llamaron  la Belle époque […]

Crecí en un entorno moderadamente feliz, con más apreturas que excesos pero sin grandes carencias ni frustraciones. Me crié en una calle estrecha de un barrio castizo de Madrid, junto a la plaza de la Paja, a dos pasos del Palacio Real. A tiro de piedra del bullicio imparable del corazón de la ciudad, en un ambiente de ropa tendida, olor a lejía, voces de vecinas y gatos al  sol. Asistí a una rudimentaria escuela en una entreplanta cercana: en sus bancos, previstos para dos cuerpos, nos acomodábamos de cuatro en cuatro los chavales. sin concierto y a empujones para recitar a voz en grito la canción del pirata y las tablas de multiplicar. Aprendí allí a leer y escribir, a manejar las cuatro reglas y el nombre de los ríos que surcaban el mapa amarillento colgado de la pared. A los doce años acabé mi formación y me incorporé en calidad de aprendiza al taller en el que trabajaba mi madre. Mi suerte natural.

 

 


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4 comentarios en “Lecturas”

  1. «Madame Bovary soy yo», respondía Flaubert cuando le preguntaron por la identidad de ese personaje tan asombrosamente vivo. Y a medida que vas leyendo la novela y que te vas relacionando con su protagonista, puedes caer en la cuenta de que también tú eres Emma. Todos pueden serlo.
    Y el que no lo crea así es que no ha soñado. ¿Quién no ha creído, al menos una vez, que estaba bailando con la sensualidad hecha carne? Acicalada como una actriz debutante, Emma lo cree cuando ejecuta su primer vals con el vizconde y siente alas en sus pies.
    ¿Y quién no ha creído, al menos una vez, que la vida estaba en otra parte y que otra vida más generosa y más intensa nos estaba esperando a la vuelta del camino?
    Emma cree, o necesita creer, que su frente está marcada por la señal de una determinación sublime y, tras el primer acto de transgresión de la norma, siente, al mirarse al espejo, que es una de las heroínas adúlteras de sus lecturas clandestinas.
    Su verdadero mal es que está enamorada del amor: de un amor por encima de todos los amores, de un deseo por encima de todos los deseos. Su fulminante ideal la ciega, y no ve a su marido, que al final parece aquejado por la misma enfermedad que su esposa.
    La muerte de Madame Bovary nos coge al final a traición, porque es la muerte del sueño romántico, (y la muerte de esa frenética partitura que Emma lleva escrita en el corazón).

    Cuando Gustave Flaubert escribió esta historia no sé en qué habrá estado pensando, pero se siente hasta en la médula el amor, la desesperanza, la idealización de su personaje principal: Emma Bovary. Muchos estudiosos de la novela atribuyen la historia de Emma Bovary a alguna muchacha que haya existido verdaderamente en Francia, Sin embargo Flaubert negó que haya basado su personaje en alguna persona de carne y hueso, llegó a decir incluso: La Bovary C’est moi. (La Bovary soy yo). Flaubert y Madame Bovary son una misma cosa, como el Cervantes y el Quijote, son retratos de ellos mismos.
    Sufrir de bovarismo es estar enamorado del amor, idealizar al amor. Emma, no está enamorada ni de su esposo ni de sus amantes, tanto éste como aquellos resultan ser mediocres y pusilánimes a la vista de la Señora Bovary. Por eso podemos hacer un paralelismo entre Quijotismo y bovarismo: ambos nacen del afán de gloria, del deseo acuciante de ser protagonistas de sucesos gloriosos, lejos de la gris existencia cotidiana. Tanto Don Quijote como Emma Bovary son idealistas: uno idealiza la vida, y la otra el amor. Ambos, tanto Don Quijote como Emma fusionan la vida con las ilusiones para hacerla a la realidad más colorida, pero el final de Emma es desastroso, su amor al amor la llevará al desastre. Idealizar al amor es tratar de construir con una pompa de jabón un ser de carne y hueso que jamás existirá.
    Idealizar ya sea la vida o el amor muchas veces puede ser bueno, cuando hace menos penosa la existencia, pero cuando la idealización nos lleva a bordear la locura y la desesperanza esta idealización pronto se puede transformar en terror.
    Sufrir de bovarismo nos puede llevar a una insatisfacción generalizada, a ver siempre el vaso vacío y no lleno, a no darse cuenta de quien realmente nos ama. Da pena al final de la novela cuando la Bovary en su lecho de muerte se da cuenta que el único que verdaderamente la ha amado, a pesar de todos sus falencias y errores ha sido Charles, su esposo.

    Bovarismo

    Se entiende por bovarismo el estado de insatisfacción crónica de una persona, producido por el contraste entre sus ilusiones y aspiraciones (a menudo desproporcionadas respecto a sus propias posibilidades) y la realidad, que suele frustrarlas. El término fue utilizado por primera vez por el filósofo francés Jules de Gaultier en su estudio Le Bovarysme, la psychologie dans l’œuvre de Flaubert (1892), en el que se refiere a la novela Madame Bovary de Gustave Flaubert, en concreto a la figura de su protagonista, Emma Bovary, que se ha convertido en el prototipo de la insatisfacción conyugal. Aunque el término bovarismo no está recogido en el Diccionario de la Real Academia Española tiene un uso relativamente frecuente en obras ensayísticas y figura en diccionarios de Psicología. Wikipedia.

    El bovarismo es una compulsión frenética por la lectura de libros de ficción, que provoca en el lector (y desde el mismo momento de la lectura) una confusión mental y anímica que lo lleva a creerse dentro de la fantasía, de modo de abstraerse peligrosamente de la realidad, intentando al mismo tiempo, mediante una operación alucinatoria, delirante e inútil, tratar de participar en “la mentira” que lee, y modificar “la verdad o realidad” en que vive. Es terrible… se produce una alteración de las defensas, pulsaciones aceleradas, sudores fríos, un frenesí de dicha solamente comparable a la plenitud física. Pero no es virtual como la Internet, sino que aquí se produce realmente una simbiosis “realidad-fantasía”, que provoca cambios inmediatos en los enfermos. Por ejemplo, por algunas novelas de amor con final feliz, se han descrito casos de entusiasmo adrenalino-sinérgicos sólo comparados al triunfo de la heroína.
    El nombre o bautizo de la patología es en honor al personaje de Gustave Flaubert (Madame “Emma” Bovary), pero el primer descubridor del virus fue Miguel de Cervantes Saavedra, ya que el primer caso clínico que registra la ciencia, es precisamente “Don Quijote”. Ese es el padre de la enfermedad; el ingenioso hidalgo fue el primero en contraer el terrible mal del bovarismo.

    Madame Bovary, Vargas Llosa y el bovarismo
    Pocas novelas han dado tanto que hablar como Madame Bovary de Gustave Flaubert. Esta obra, de puro corte realista, produjo en la sociedad europea primero, y en todo Occidente después, una serie de críticas, análisis e investigaciones fuera de lo común. Hoy nos detenemos a analizar el amor no correspondido de Mario Vargas Llosa por la protagonista del libro. Y el papel determinante que jugó Emma Bovary en la construcción de la teoría psicoanalítica de Jacques Lacan.

    Stendhal, Balzac, Flaubert y Guy Maupassant fueron los iniciadores del movimiento realista en literatura, que fue el resultado de una fuerte reacción contra el romanticismo. El movimiento realista se proponía representar o describir la realidad con los máximos detalles, ya sea en el comportamiento humano o en su entorno social y geográfico. El compromiso estaba puesto en la fidelidad con los sucesos tales como se desarrollan en la vida cotidiana.

    Madame Bovary encarna y representa la esencia de ese gran movimiento que en su momento fue insurrecto y atrevido; escrito por Gustavo Flaubert en 1857 cuando el autor tenía 36 años, después de haber publicado La Tentación de San Antonio, una novela de realismo religioso de regular calidad.

    Madame Bovary fue censurada y sometida a juicio por los tribunales franceses. Apenas apareció la primera publicación, la burguesía y el sistema imperante no toleraron que Flaubert hiciera una novela donde se pusieran tan al desnudo las contradicciones de la sociedad y las condiciones de la mujer francesa de entonces.

    Está escrita describiendo los mínimos detalles socioeconómicos de la época, introduciéndose profundamente en el interior de los conflictos humanos y psicológicos de cada uno de los personajes.

    Vargas Llosa y un amor no correspondido

    La crítica que ha tenido -y que aún tiene- es innumerable y muy variada. En el terreno literario y científico la obra presenta dos aspectos interesantes: uno es la relación de Mario Vargas Llosa con Emma Bovary y el otro es la descripción teórica en el terreno psiquiátrico de un cuadro psicopatológico que fue llamado “bovarismo”.

    Del primero nació un interesante libro: “La orgía perpetua”. Del segundo surgieron varias investigaciones hechas en Francia por los psiquiatras: J. Palante, Génil Perrin y J. Gaultier, en un primer momento, y por Jacques Lacan, posteriormente.

    Vargas Llosa escribe en Málaga, España, en 1974, una experiencia vivencial conmovedora. La misma había sido sentida por el escritor peruano a los 25 años, cuando llegó becado a París y comenzó a leer Madame Bovary en la lengua original. En la tierra donde el fantasma de Emma deambulaba serpenteando las letras y se proyectaba más allá de las palabras.

    Afirma en las primeras páginas del libro que “un puñado de personajes literarios ha marcado mi vida de manera más durable que buena parte de los seres de carne y hueso que he conocido”. Por lo visto Emma marcó a sangre y fuego al peruano, y lo podemos comprobar en el ejemplar que salió de aquella investigación. Esto habla del poder de la ficción y de la importancia del arte en la formación del hombre.

    Nuestro investigador comienza haciendo un exhaustivo análisis del personaje central, de la vida personal de Flaubert, del origen de la novela, la opinión de sus amigos, las obras anteriores, las motivaciones inconscientes, el lugar y el tiempo que le llevó escribirla, la relación con los acontecimientos del entorno del escritor, la vida sentimental, las enfermedades nerviosas padecidas mientras la escribía y hasta la vida sexual del novelista entre 1851 y 1856, período que tardó en confeccionarla. Y cuando se introduce en la heroína se crea una simbiosis idílica entre Vargas Llosa y Emma que él mismo denominó “una pasión no correspondida”.

    El sentimiento amoroso que le despierta Emma tiene perfiles epopéyicos en las investigaciones literarias y sostiene que “Emma representa y defiende de modo ejemplar un lado de lo humano, brutalmente negado por casi todas las religiones, filosofías e ideologías, y presentado por ellas como motivo de vergüenza para la especie. Su represión ha sido la causa de su infelicidad, tan extendida como la explotación económica, el sectarismo religioso o la sed de conquista entre los hombres”.

    Al cabo del tiempo, sectores cada vez más amplios -ahora hasta la Iglesia- han llegado a admitir que el hombre tenía derecho a comer, a pensar y a expresar sus ideas libremente, a la salud, a una vejez segura. Pero todavía, como en los tiempos de Emma Bovary, se mantienen los mismos tabúes, que universalmente niegan a los hombres el derecho al placer, a la realización de sus deseos. La historia de Emma es una ciega, tenaz, desesperada rebelión contra la violencia social que sofoca ese derecho.

    Al terminar el capítulo I afirma que “el final de la historia es grandioso, porque en los últimos años esta campesinita normanda ha alcanzado una popularidad que no da señales de cesar y que en los años venideros probablemente seguirá creciendo.”

    Reconoce su enamoramiento por Emma y por la rebeldía de aquella mujer, y asiente que por el aumento de la popularidad de su amada debería estar celoso pero no lo está. Como ciertos viejos perversos con sus jóvenes esposas, lo halaga sobremanera esa solicitación tenaz, ese favor multitudinario, esa excitación hormigueante que rodea a la muchacha que ama. “Sé que, en el territorio en que se prodiga su belleza, nadie, fuera del oficial de sanidad, Rodolfo y León, gozará de ella, y que en este donde me hallo a nadie podrá dar más de lo que a mí me ha dado.”

    “La orgía perpetua” es una obra que trasciende los límites de un ensayo, aunque lo sea en parte. Se trata de una confesión amorosa, escrita con el corazón de un joven enamorado, que pone en evidencia las condiciones imaginarias del amor. (“Amar es dar lo que no se tiene a alguien que no lo es”. J. Lacan).

    Bovary + psicoanálisis = bovarismo

    Madame Bovary fue publicada en 1857 y tanto Flaubert como el editor tuvieron que enfrentar un importante proceso legal, acusados de inmoralidad, ya que la temática central del libro gira alrededor del adulterio. Fue considerada una obra maestra de la literatura francesa mucho tiempo después de aquel atropello judicial.

    En los primeros años del siglo XX la psiquiatría introduce el término “bovarismo” para designar un estado “psicopatológico” relacionado con la personalidad de Emma Bovary. Estas indagaciones las realiza en Francia Jules Gaultier y las publicó en “El bovarysme”; Mercure de France 1902. Define esa “patología” como la evasión en lo imaginario por insatisfacción.

    Silvia Tendlarz dio a conocer en “Escansion”, Editorial Manantial, un artículo en “Perversión y vida amorosa” sobre bovarismo, señalando que los personajes de Flaubert, incluso el mismo Quijote y algunos de Molière, representan el bovarismo sentimental, reservando otros personajes de los mismos autores para identificar el bovarismo intelectual, el bovarismo del conocimiento, el bovarismo moral, el bovarismo de la voluntad, etc.

    Pero ¿qué es en la psicopatología clásica el bovarismo? Sería algo así como el poder que tiene el hombre de concebirse diferente de como es, y en consecuencia hacerse una realidad ficticia y jugar un papel que intenta sostener a pesar de su naturaleza verdadera y a pesar de los hechos.

    Es evidente que los personajes de Flaubert son todos “bováricos” en el sentido en que define Gaultier a las personalidades con “evasión en lo imaginario por insatisfacción”, pero es en Emma donde “la ficción de la identidad del yo” llega a su máxima expresión.

    Lacan escribe sobre esto en su tesis doctoral donde teoriza sobre la psicosis de una paciente, Aimée. Allí sostiene que el bovarismo es una de las funciones esenciales de la personalidad y que el desarrollo de la misma está ligada a la historia personal, a sus experiencias y a su educación, oponiéndose de esa manera a la concepción constitucionalista y biológica de la personalidad.

    La tesis doctoral de Lacan se llama “De la psicosis paranoica y su relación con la personalidad”, y fue expuesta y publicada en 1932. Allí le da una gran importancia al “medio social” en la estructuración del sujeto. Ese medio es el Otro (escrito con mayúscula hace referencia al Otro del lenguaje), tal como lo desarrolla en toda su enseñanza. La génesis social de la personalidad pone en evidencia la “captación del sujeto por el Otro” y pone a la locura en relación con aquella.

    En la historia personal del sujeto se encuentran elementos dados por imágenes “ideales”, por los cuales Lacan arribará a su teoría del Estadio del Espejo. Por eso le interesa el bovarismo de Gaultier, puesto que para éste las ficciones son imágenes ideales que surgen del medio social y de los sucesos históricos.

    Aimée le presenta a Lacan una serie de escritos que confirmarían el diagnóstico y los cuales son definidos por él mismo como de “escritura automática”, dándole a ellos una importancia capital. Vale recordar que Paul Eluard en su “Elogio de la palabra de la poesía involuntaria” afirma:

    “Pasan por locos aquellos que enseñan que existen mil maneras de decir su amor, su alegría y su pena… inútiles, locos malditos son aquellos que revelan, reproducen, interpretan la humilde voz que se queja o que canta entre la muchedumbre sin saber que ella es sublime”.

    Lacan encuentra en el análisis de la personalidad de Aimée evidentes rasgos bováricos que se van manifestando a lo largo de su historia y que unido al concepto de “ideal”, que en esa época usaba mucho (todavía no distinguía entre el ideal del Yo y el Yo ideal), concluye que la locura de su paciente se mantuvo estabilizada en tanto pudo sostenerse con los “ideales bováricos”.

    Volviendo a Madame Bovary, se evidencia que Emma, la heroína inmortal, no sólo salió de las letras para entrar en el corazón de Vargas Llosa y de tantos otros enamoradizos anónimos, sino que engrosó con su incorpórea y fuerte existencia no sólo el mundo literario sino también el campo científico. por Oscar D’Angelo

    La orgía perpetua de Mario Vargas Llosa:
    En este brillante ensayo, Mario Vargas Llosa analiza una de las novelas que han marcado su carrera como escritor: Madame Bovary, de Gustave Flaubert, considerado el fundador de la novela moderna y uno de los maestros indiscutibles de todos los narradores posteriores.

    La pesquisa del narrador peruano tantea tres diferentes vías de aproximación al texto flaubertiano: en una primera parte, de tono autobiográfico, Vargas Llosa se retrata a sí mismo como lector enfervorizado y pasional. La segunda parte es un análisis exhaustivo de Madame Bovary, cómo es y lo que significa una obra en la que se combinan con pericia la rebeldía, la violencia, el melodrama y el sexo. En la tercera parte se rastrea la relación de la obra de Flaubert con la historia y el desarrollo del género más representativo de la literatura moderna: la novela.

    Mario Vargas Llosa resulta tan solvente en su faceta de crítico literario como lo es en su oficio de narrador. Del encuentro de una inteligencia narrativa como la del novelista peruano con la obra más importante de uno de los autores esenciales de la literatura universal nace un ensayo que vale por todo un curso de literatura.

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