Feminismo

1.Seis razones fundamentales por las que el feminismo no es lo mismo que “el machismo pero al revés

Por Elsa Lever M. Periodista y Directora de Mujeres. net

 

Ultimamente he escuchado tantos comentarios sobre un feminismo malentendido, surgidos tanto de mentes y bocas masculinas como femeninas, que no he podido evitar la tentación de aclararlo. Hace tiempo escribí un artículo al respecto, pero ahí les va otra vez, más cortito.

El feminismo no es lo mismo que “el machismo pero al revés”, porque el feminismo es un movimiento social, es filosofía, posee una ética, es una propuesta política, es epistemología, y es metodología, además de ser acción cotidiana y activismo.

1.- Es un movimiento social: Emancipatorio y reivindicatorio de los derechos de las mujeres, necesario y vigente aún porque no todas (quizá ninguna aún del todo) podemos disfrutar de ellos, ni en la misma medida ni de la misma forma. Por supuesto, como todo movimiento, posee demandas propias y propuestas.

2.- Es filosofía: Dado que está sustentado en la voluntad de erradicar cualquier tipo de opresión, y en la construcción de modos de vida alternativos, se da a la tarea de hacer una revisión crítica de la historia de las ideas y de los discursos filosóficos discriminatorios, sexistas y misóginos más potentes.

3.- Es ética: El feminismo cuenta con una ética, porque está basado en el respeto a la integridad humana y la ética representa siempre una elección consciente.

4.- Es política: Porque propone y lucha por el ejercicio de las libertades y el acceso pleno a la dignidad humana. Porque, además, tiene que ver con la construcción de poderes, pero no poderes de dominación sino libertarios.

5.- Es epistemología: Debido a que el feminismo ha tomado a las mujeres tanto como objetos que como sujetos de investigación, hay una producción de conocimiento útil a las mujeres y a la sociedad en general.

6.- Es metodología
: Porque elabora procedimientos para conocer, ya sean cuantitativos o cualitativos, sobre todo estos últimos, ya que se rescata el carácter histórico del ser humano, lo que sucede en su contexto y sus circunstancias.

Por todo esto está muy lejano de ser el antónimo de machismo al que le ha dado a mucha gente por encasillar al feminismo. En el feminismo cuando hablamos de igualdad nos referimos a la igualdad de oportunidades, de acceso, de justicia. Sabemos que mujeres y hombres somos diferentes no sólo biológicamente, también culturalmente porque tenemos experiencias diferentes desde nuestro ser mujer o nuestro ser hombre. No habitamos el mundo de la misma manera y mucho menos lo interpretamos igual porque hemos nacido con procesos corporales diferentes y hemos tenido una educación basada en la diferencia sexual.

En el feminismo estamos personas de toda edad, raza, clase, sexo, nacionalidad, etc. También hay caracteres y actitudes de todo tipo, y discusiones, enfrentamientos, debates y alianzas como en todo movimiento social. Somos seres humanos y como tales participamos con todo lo que nos hace serlo.

Déjenme invitarles, mujeres y hombres, a que vean al feminismo como la propuesta alternativa, cultural, social y política, para construir el cambio real en las relaciones entre los géneros, ese cambio basado en el respeto, la equidad y la justicia.

 

2.Definición

El feminismo es un movimiento social y político que se inicia a finales del siglo XVIII y que supone la toma de conciencia de las mujeres como grupo o colectivo humano, de la opresión, dominación o explotación de que han sido objeto en el seno de la sociedad patriarcal, lo cual les mueve a la acción para la liberación de su sexo con todas las transformaciones de la sociedad que se requieran.(Victoria Sau, Psicóloga e Historiadora)

 

3.Siglo XVIII

 

Olympe de Gouges
Olympe de Gouges

No obstante, las mujeres del siglo XVIII fueron activas en todos los campos. Crearon los salones literarios y políticos, donde se gestaba buena parte de la cultura del momento y donde se apoyaban los derechos de las mujeres.  Estos salones se crearon en Paris y posteriormente se extendieron a Londres y Berlín.

Salón literario
Salón literario

 

A) Cuadernos de Quejas

Los Cuadernos de Quejas son otra forma de participación de las mujeres en la política. Fueron redactados en 1789 y en ellos participaron las féminas de todos los estamentos, dejando sus reivindicaciones por escrito.

Los “Cuadernos de Quejas y Lamentos” (Cahiers de plaintes et doléances), elaborados en toda Francia en vísperas de la reunión de los Estados Generales, han proporcionado una excelente fuente documental para conocer la situación del pueblo francés en vísperas de la Revolución. No son muy abundantes, pero existen y muestran elocuentemente el sentir y el pensar de muchas mujeres francesas de 1789.

Petición de las mujeres del Tercer Estado al Rey, enero de 1789

Señor:

En un tiempo en el que los diferentes Órdenes del Estado se ocupan de sus intereses, en el que cada uno trata de hacer valer sus títulos y sus derechos; en el que los unos se atormentan por recordar los siglos de la servidumbre y de la anarquía, mientras que los otros se esfuerzan por librase de las últimas cadenas que les atan aún a un imperioso vestigio de feudalidad, las mujeres, continuos objetos de admiración o del desprecio de los hombres, las mujeres, en esta común agitación, ¿no podrán también hacer oír su voz?.

Excluidas de las Asambleas Nacionales por leyes demasiado bien cimentadas para contravenirlas, ellas, Señor, no os piden permiso para enviar sus diputados a los Estados Generales, pues demasiado bien sabe cómo el favor contaría en la elección y cómo les sería fácil a los elegidos no respetar la libertad de los sufragios.

Preferimos, Señor, poner nuestra causa a vuestros pies, y no queriendo obtener nada más que de vuestro corazón, es a vuestro corazón al que dirigimos nuestras quejas y confiamos nuestras miserias.

Las mujeres del Tercer Estado nacen casi todas sin fortuna; su educación está totalmente olvidada o, incluso, es de baja calidad. Consiste en enviarlas a una escuela cuyo maestro no sabe la primera palabra de la lengua que enseña, y permanecen en ella hasta que saben leer el Oficio de la Misa en francés y las Vísperas en latín. Una vez conocidos los principales deberes de la religión, se las enseñan a trabajar, eso a la edad de los quince o dieciséis años, en que pueden ganar cinco o seis sueldos al día. Si la naturaleza les ha negado la belleza, se casan, sin dote, con desgraciados artesanos, vegetan penosamente en las provincias y dan la vida a los niños que no están en condiciones de criar. Si por el contrario nacen hermosas, sin cultura, sin principios, sin idea de moral, se convierten en presas del primer seductor, cometen una primera falta y vienen a París a ocultar su vergüenza, acaban por perderla totalmente y mueren víctimas del libertinaje.

Hoy que la dificultad de subsistir fuerza a miles de ellas a vender su conciencia, que los hombres encuentran más cómodo comprarlas por un tiempo que conquistarlas para siempre, las mujeres a las que una feliz inclinación lleva a la virtud, las que desean instruirse … o han superado los defectos de su educación y saben de todo un poco, aunque sin haber aprendido nada, las mujeres que tienen una grandeza de alma … y a las que se llama “beatas”, se ven obligadas a entrar en religión … o se ven obligadas a ponerse a servir …

Muchas veces por el hecho de nacer mujeres son desdeñadas por sus padres que se niegan a casarlas para concentrar su fortuna en la persona de su hijo al que destinan a perpetuar su nombre en la capital; porque es bueno que Su Majestad sepa que nosotras también tenemos nombres que conservar. Así, si la vejez les sorprende solteras, la pasan sufriendo y son objeto del desprecio de sus parientes más cercanos.

Para obviar tantos males, Señor, nosotras pedimos: que los hombres no puedan, bajo ningún pretexto, ejercer los oficios que son patrimonio de las mujeres, como costurera, bordadora, modista, etc. ; que se nos deje, por lo menos, la aguja y el huso y a nosotras no nos entrará nunca la manía de usar el compás y la escuadra.

Pedimos, Señor, que vuestra bondad nos proporcione los medios para hacer valer los talentos de que nos haya provisto la naturaleza, a pesar de las trabas que no cesan de poner a nuestra educación.

Que Vos nos asignéis los cargos que puedan ser ocupados por nosotras, que nos ocuparemos de ellos tras haber superado un examen  severo, después de informaciones seguras sobre la pureza de nuestras costumbres.

Pedimos ser ilustradas, poseer empleos, no para usurpar la autoridad de los hombres, sino para ser más estimadas; para que tengamos medios de vivir en el infortunio y que la indigencia no fuerce a las más débiles a formar parte de la legión de desgraciadas que invaden las calles y cuyo libertinaje audaz es el oprobio de nuestro sexo y de los hombres que las frecuentan.

Deseamos que esa clase de mujeres lleve una marca distintiva. Hoy en día, cuando adoptan incluso la modestia de nuestros vestidos, cuando se mezclan por todas partes, son todos los trajes posibles, nos sucede a veces que nos confunden con ellas; algunos hombres se equivocan y nos hacen enrojecer con su confusión. Sería conveniente que, bajo pena de trabajar en talleres públicos a favor de los pobres (sabemos que el trabajo es la mayor pena que se les puede infligir), no pudieran nunca quitarse esa marca. Sin embargo, nos damos cuenta que el imperio de la moda sería aniquilado y correríamos el riesgo de ver demasiadas mujeres vestidas del mismo color.

Os suplicamos, Señor, que establezcáis escuelas gratuitas donde podamos aprender nuestra lengua, los principios de la Religión y la moral; que una y otra sean presentadas en toda su grandeza, sin las pequeñas prácticas que atenúan su majestad; que nos formen el corazón, que nos enseñen, sobre todo, a practicar las virtudes de nuestro sexo, la dulzura, la modestia, la paciencia, la caridad; en cuanto a las artes del adorno, las mujeres las aprenden sin maestro. ¿Las ciencias?… No sirven más que para inspirar un necio orgullo, conducen al pedantismo, contrarían la expresión de la naturaleza y hacen de nosotras seres mixtos que raramente son esposas fieles y mucho menos buenas madres de familia.

Pedimos salir de la ignorancia para dar a nuestros hijos una educación sana y razonable, para formar personas dignas de serviros. Les enseñaremos a amar mucho el buen nombre de los franceses; les trasmitiremos en amor que tenemos por Vuestra Majestad;  pues deseamos dejar a los hombres el valor, el genio; pero les disputaremos siempre el peligroso, el precioso don de la sensibilidad; les desafiamos a amaros mejor que nosotras; la mayoría corres a Versalles por sus intereses; y nosotras Señor, para veros, cuando con esfuerzos y el corazón palpitante, podemos ver un instante vuestra augusta Persona, las lágrimas escapan de nuestros ojos; la idea de Majestad, de Soberano, se desvanece y no vemos en vos más que un Padre tierno, por el cual daríamos mil veces la vida.

B)Olimpia de Gouges

El feminismo nace en el siglo XVIII, siglo de la Ilustración y de la Revolución Francesa. Los ideales de ésta: Liberté, Egalité, Fraternité, cambiaron la historia pero no tuvieron nada que ver con las mujeres. En Francia en 1789 se proclama la “Declaración de los Derechos del Hombre” pero no sólo se trata de un uso sexista del lenguaje sino de que las mujeres quedaron excluidas de estos.

En 1791, la francesa, Olimpia de Gouges escribió la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía” donde afirmaba que las mujeres tenían derecho a subir al cadalso y también a la tribuna. Ella murió guillotinada dos años más tarde y nunca subió a  una tribuna.

Olympe de Gouges

Para ser decretados por la Asamblea Nacional en sus ultimas sesiones o en la próxima legislatura.

PREÁMBULO

Las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación, piden que se las constituya en asamblea nacional. Por considerar que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de 105 gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes, a fin de que los actos del poder de las mujeres y los del poder de los hombres puedan ser, en todo instante, comparados con el objetivo de toda institución política y sean más respetados por ella, a fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, fundadas a partir de ahora en principios simples e indiscutibles, se dirijan siempre al mantenimiento de la constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos.

En consecuencia, el sexo superior tanto en belleza como en coraje, en los sufrimientos maternos, reconoce y declara, en presencia y bajo los auspicios del Ser supremo, los Derechos siguientes de la Mujer y de la Ciudadana.

I

La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos, Las distinciones sociales sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.

II

El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

III

El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer autoridad que no emane de ellos.

IV

La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

V

Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

VI

La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes. Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos y empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

VII

Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

VIII

La Ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias y nadie puede ser castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicado a las mujeres.

IX

Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

X

Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

XI

La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

XII

La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

XIII

Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

XIV

Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

XV

La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

XVI

Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

XVII

Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

Epílogo

Mujer, despiértate; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El poderoso imperio de la naturaleza ya no está rodeado de prejuicios, de fanatismo, de superstición y de mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y de la usurpación. El hombre esclavo ha multiplicado sus fuerzas, ha necesitado recurrir a las tuyas para romper sus cadenas. Una vez libre, se ha vuelto injusto con su compañera. ¡Oh, mujeres! Mujeres, ¿cuándo dejaréis de estar ciegas? ¿Cuáles son las ventajas que habéis recogido en la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más señalado. En los siglos de corrupción sólo habéis reinado sobre la debilidad de los hombres. Vuestro imperio se ha destruido; ¿qué os queda? La convicción de las injusticias del hombre. La reclamación de vuestro patrimonio, fundada sobre los sabios decretos de la naturaleza; ¿qué podríais temer por una tan hermosa causa? ¿La buena palabra del Legislador de las bodas de Canaá? ¿Teméis que nuestros Legisladores Franceses, correctores de esta moral, largo tiempo colgada de las ramas de la política, pero que ya no está de moda, os repitan: mujeres qué tenemos en común vosotras y nosotros? Todo, podríais responder. Si se obstinaran en su debilidad, a colocar esta inconsecuencia en contradicción con sus principios, oponed valerosamente la fuerza de la razón a las vanas pretensiones de superioridad; reuníos bajo los estandartes de la filosofía; desplegad toda la energía de vuestro carácter, y pronto veréis estos orgullosos, ya no serviles adoradores rampantes a vuestros pies, sino orgullosos de compartir con vosotras los tesoros del Ser Supremo. Cualesquiera que sean las barreras que os opongan, está en vuestro poder el franquearlas; os basta con quererlo. Pasemos ahora al horrible cuadro de lo que habéis sido en la sociedad; y puesto que en este momento se trata de una educación nacional, veamos si nuestros sabios Legisladores pensarán sanamente en la educación de las mujeres.

Las mujeres han hecho más mal que bien. La coacción y el disimulo han sido su patrimonio. Lo que la fuerza les habría arrebatado, la astucia se lo ha devuelto; han recurrido a todos los recursos de sus encantos y lo más irreprochable no se les resistía. El veneno, las armas, todo les estaba sometido; mandaban tanto en el crimen como en la virtud. El gobierno francés, sobre todo, ha dependido durante siglos de la administración nocturna de las mujeres; el excusado no tenía ningún secreto para su indiscreción; embajada, mando, ministerio, presidencia, pontificado, cardenalato; en fin todo lo que caracteriza la necedad de los hombres, profano y sagrado, todo ha sido sometido a la codicia y a la ambición de este sexo antiguamente despreciable y respetado, y desde la revolución respetable y despreciado.

En esta especie de antítesis, ¡cuántas observaciones puedo ofrecer!, sólo tengo un momento para hacerlas, pero este momento tendrá la atención de la posteridad más remota. Bajo el antiguo régimen, todo era vicioso, todo era culpable; pero ¿no podría apercibirse la mejora de las cosas en la substancia misma de los vicios? Una mujer sólo debía ocuparse de ser bella o amable; cuando poseía estas dos ventajas, veía cien fortunas a sus pies. Si no las aprovechaba, tenía un carácter extravagante, o una filosofía poco corriente que la llevaba al rechazo de las riquezas; entonces era únicamente considerada obstinada; la más indecente se hacía respetar con oro; el comercio de las mujeres era una especie de industria recibida en la primera clase, que desde ahora no tendrá ya crédito. Si todavía lo tuviera, la revolución estaría perdida, y bajo nuevas relaciones estaríamos siempre corrompidos; sin embargo ¿puede la razón disimular que cualquier otro camino hacia la fortuna está cerrado para la mujer que el hombre compra como al esclavo en las costas de África? La diferencia es grande, lo sabemos. La esclava manda al amo: pero si el amo le da la libertad sin recompensa y a una edad en la que la esclava ha perdido todos sus encantos ¿qué será de esta infortunada? El juguete del desprecio; incluso las puertas de la beneficencia le serán cerradas; es pobre y vieja, dicen; ¿por qué no ha sabido hacer fortuna? Otros ejemplos todavía más conmovedores se ofrecen a la razón. Una joven sin experiencia, seducida por un hombre a quien ella ama, abandonará a sus padres para seguirle; el ingrato la dejará después de algunos años, y cuanto más habrá envejecido con él, más su inconstancia será inhumana; si tiene hijos, también la abandonará. Si es rico, se creerá dispensado de compartir su fortuna con sus nobles víctimas. Si algún compromiso lo liga a sus deberes, violará la potestad esperándolo todo de las leyes. Si está casado, cualquier otro compromiso pierde sus derechos. ¿Qué leyes quedan, pues, por hacer para extirpar el vicio hasta en las raíces? La ley de la partición de las fortunas entre los hombres y las mujeres, la ley de la administración pública. Fácilmente se concibe que aquéllas que han nacido en una familia rica ganen bastante con la igualdad de las particiones. Pero aquélla que ha nacido en una familia pobre, con méritos y con virtudes ¿cuál es su suerte? la pobreza y el oprobio. Si no destaca precisamente ni en música ni en pintura, no puede ser admitida en ninguna función pública, cuando ella tendría toda la capacidad para ello. No quiero dar más que una idea general de las cosas, las profundizaré en una nueva edición de todas mis obras políticas que me propongo dar al público dentro de algunos días, con notas.

Retorno a mi texto en lo referente a las costumbres. El matrimonio es la tumba de la confianza y del amor. La mujer casada puede dar impunemente hijos bastardos a su marido y la fortuna que no les pertenece. La que no lo es, no tiene más que un derecho endeble: las leyes antiguas e inhumanas le impedían el derecho al nombre y los bienes de su padre para sus hijos, y no se han hecho nuevas leyes sobre esta materia. Si intentar dar a mi sexo una consistencia honorable y justa, es considerado en este momento una paradoja por mi parte, y como intentar lo imposible, dejo a los hombres que vendrán la gloria de tratar esta materia; pero en la espera podemos prepararla por medio de la educación nacional, la restauración de las costumbres y las convenciones conyugales.

 

Mary Wollstonecraft

Mary Wollstonecraft nació en Inglaterra en 1759.Creció en una familia donde el padre ejercía la violencia. Tan escaso era el interés porque sus hijas recibieran educación que incluso las libraron de la educación tradicional. Ella creció deseando emanciparse pero sin pasar por el matrimonio. Fue maestra e institutriz, empleos que ejercían las mujeres en aquella época.Escribió su primer libro sobre la educación femenina”Pensamientos acerca de la educación de las niñas” donde deja clara su defensa de las mujeres. El mismo editor del libro le ofreció trabajo como escritora y traductora en su editorial, allí, en Londres, donde se dedicó a su formación y a la vida política e intelectual.

Mary Wollstonecraft
Mary Wollstonecraft

Escribió “Vindicación de los derechos del hombre” éste la convirtió en una mujer famosa, animada por este éxito rotundo escribió “Vindicación de los derechos de la mujer”, en el que aboga por la igualdad entre los sexos, la independencia económica y la necesidad de la participación política de las mujeres.Esta obra no es de reivindicación de derechos políticos concretos sino de reivindicación moral de la individualidad de las mujeres y de la capacidad de elección de su propio destino. Mary Wollstonecraft inaugura la crítica de la condición femenina. Supone que bastantes de los rasgos de temperamento y conducta que son considerados propios de mujeres son, en realidad, producto de su situación de falta de recursos y libertad. Por primera vez llamaba privilegio al poder que siempre habían ejercido los hombres sobre las mujeres de forma “natural”, es decir, como si fuera un mandato de la naturaleza.

Siglo XIX, El Sufragismo

Las sufragistas reivindicaban el sufragio universal y en él pusieron todo el énfasis, pero pensaban que una vez conseguido podían alcanzar la igualdad en un sentido más amplio. Reivindicaban, además,  el libre acceso a los estudios superiores y a todas las profesiones, los derechos civiles, compartir la patria potestad de su descendencia y administrar sus propios bienes.

En el siglo XIX, con la llegada del capitalismo, las féminas se incorporan al trabajo industrial (eran mano de obra más barata) pero las mujeres de la burguesía se quedaron en casa; imbolizaban el poder del marido, careciéndo de derechos; pero a pesar de esta segregación comienzan a organizarse.

El sufragismo inventó la palabra solidaridad y las formas de agitación y lucha política no violenta, aquí demostraron las mujeres su capacidad y su paciencia. Con el sufragismo, el feminismo aparece por primera vez como un movimiento social de carácter internacional.

Las Sufragistas Estadounidenses

Las sufragistas estadounidenses del siglo XIX primero lucharon por la independencia de su país y después se organizaron para luchar contra la esclavitud; en esta lucha aprendieron de asuntos políticos y sociales y les sirvió de experiencia  ya que ambas opresiones, la de la  esclavitud y la opresión de las mujeres, eran muy similares.

En el Congreso Antiesclavista Mundial celebrado en Londres en 1840 fue impedida la participación de las cuatro mujeres que formaban parte de la  delegación americana; humilladas regresaron a EEUU y en ese momento  decidieron centrarse en sus derechos, los derechos de las mujeres.

La Declaración de Sentimientos o de Seneca Fall de 1848

La Declaración de Sentimientos es el texto fundacional del sufragismo norteamericano. Puede considerarse el primer programa político feminista, donde las mujeres fueron sujeto de la acción política. En Seneca Fall (Nueva York) en 1848 se discutió sobre los derechos y  la condición social, civil y religiosa de la mujer. Allí surgió un texto que  se aprobó por unanimidad salvo la cláusula que reclamaba el derecho al voto.

A partir de esa fecha las mujeres comenzaron a luchar para conseguir el voto a través de una Enmienda a la Constitución,  pero en 1866 el Partido Republicano que concedió el voto a los esclavos liberados, negó explícitamente el voto a las mujeres.

La Asociación Nacional pro Sufragio de la Mujer (NWSA) fue fundada por Elisabeth Cady Stanton y Susan B. Anthony, convencidas de que la lucha por sus derechos era una tarea de las propias mujeres. Posteriormente nació otra asociación más conservadora que luchó por conseguir el voto de forma más gradual, estado por estado, y por fin, Wyoming  fue el primer estado que reconoció el derecho al voto de las mujeres en 1869.

Los avances fueron muy lentos y ante las dificultades los dos movimientos volvieron a unirse y se radicalizaron. En 1910 organizaron desfiles multitudinarios e en Nueva York y Washington. En 1918 después de una actividad frenética consiguieron que Wilson apoyara al sufragismo y que la Cámara aprobara la Decimonovena Enmienda: en 1920 el voto femenino fue posible en EEUU.

Las sufragistas inglesas o 2588 peticiones para conseguir el voto.

La primera petición de voto para las mujeres presentada en el Parlamento británico data de 1832. En 1866 se eleva otra nueva petición firmada por 1499 mujeres, que presentó a la Cámara de los Comunes John Stuart Mill y Henry Fawcet, ésta fue rechazada. En ese año se creó la Sociedad Nacional pro Sufragio de la Mujer, liderada por Lidia Becker.

John Stuart Mill

Las sufragistas contaron con la ayuda de  Stuart Mill que intentó cambiar en una enmienda hombre por persona para que ellas pudieran votar; pero tuvieron que transcurrir muchos años hasta que en 1903 optaron por la lucha directa, interrumpiendo discursos y planteando sus demandas en todas las reuniones del Partido Liberal. La policía imponía multas pero no las pagaban e iban a la cárcel, iniciaron una huelga en prisión y el Primer Ministro, Gladstone, ordenó que fueran alimentadas  a la fuerza.

Siglo XX

En 1902 E. Pankhurt, presidenta de la Nacional Union of Woman Suffrage, fue condenada  a 3 años de trabajos forzosos pero las sufragistas consiguieron su evasión. El  presidente Wilson la invitó a  EEUU, era una figura legendaria,  pero al volver a Inglaterra fue encarcelada de nuevo.

Emmeline Pankhurt

El 28 de mayo de 1917 fue aprobada la ley de sufragio femenino pero sólo podían votar las mujeres mayores de 30 años. En 1927 pudieron votar y ser votadas todas las personas mayores de 21 años.

Simone de Beauvoir

“No se nace mujer se llega a serlo”

Cuando Simone de Beauvoir publicó “El Segundo Sexo” en 1949, era una mujer conocida como filósofa y  escritora, nunca se había reconocido como feminista; a partir de aquí lo fue.

Explica la propia autora en su biografía que casi todas las mujeres que conocía y  que habían cumplido los 40; tenían el sentimiento de haber vivido como seres relativos. Así cuando ella los cumplió se planteó qué había supuesto para si misma el ser mujer. Aunque nunca había tenido sentimientos de inferioridad, al hablar de esta cuestión con Sartre, su compañero, comprendió que no había sido educada como un hombre. De este replanteamiento surge “El Segundo Sexo”.

Este libro marca un hito en la historia del Feminismo, por una parte, vuelve a poner en pie el feminismo; ya que después del sufragismo éste estaba desarticulado; por otra parte, es el estudio más completo de cuantos se hayan hecho sobre la condición de la mujer.

La teoría que expone en el libro es que la mujer siempre fue considerada la otra con relación al hombre sin que eso supusiera reciprocidad, es decir, el hombre no es el otro sino el centro y la medida de las cosas, detentadores del poder y creadores de la cultura. Llega a la conclusión de que la mujer ha sido ratificada por el varón a cada momento, el varón es lo esencial y la mujer está en relación de asimetría con él.

En “El Segundo Sexo” se inaugura una forma de trabajar que será característica de la tercera ola del feminismo, el carácter interdisciplinar del mismo. El feminismo posterior no se dedicará sólo a la reivindicación sino que indagará en todas las ciencias de la cultura y el conocimiento.

La conclusión del libro es que no hay nada biológico ni natural que explique la subordinación de la mujer sino que lo que ocurrió es que la cultura dio más valor a quien arriesgaba la vida, los hombres, que a quienes la daban, las mujeres. Insiste en separar naturaleza de cultura y profundiza en la idea de que el género, aún no se le llama así, es una construcción social.

Para alcanzar la liberación propone la independencia económica y la lucha colectiva, lo fundamental antes de eso es haber sido educada para la autonomía.

Del libro “Feminismo para principiantes” Nuria Varela, Ediciones B.

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2 comentarios en “Feminismo”

  1. Estamos haciendo un libro sobre pareja igualitaria, cuyos beneficios se destinarán a una asociación que luche por la igualdad, y estamos tomando como una de nuestras fuentes su blog, me gustaría que estudiase su colaboración con el mismo de forma más directa. Si colabora pondríamos sus datos como participante (siempre y cuando quiera) Gracias de antemano por su ayuda.

  2. Hola Rosa. Te dejo el título de la peli que no recordaba el nombre, “Refugiado” de Diego Lerman y el padre que hizo la denuncia por su hija José M. Varela de Sevilla. También recordé que en el Orlando furioso de Ariosto en su Canto 5 escribe sobre violencia en el hogar dice: “qué peste abominable que Megera ha venido a tumbar en el alma humana?…”que sea un ser humano no lo creo, sino un monstruo de humano aspecto”.Beatriz

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