Los ojos del miedo (Experiencia de un hombre igualitario)

Nunca los había visto tan de cerca, los ojos del miedo, hasta aquella tarde que fui, acompañado de mi pareja, a visitar a una amiga común. Había tenido un accidente, era el motivo por el que fuimos a visitarla. La realidad que nos encontramos, era mucho más horrible, la cara amoratada, los labios cosidos, lo peor, la más lacerante de las heridas, era que habían sido producidas por la persona que se supone, más la quería, su marido.  Es obvio decir, que nos prestamos a ofrecer toda clase de ayuda, a recomendar la denuncia por agresión (no fue un accidente cayendo por las escaleras, como había dicho). Todo fue inútil, lo que más me dolió fue el modo en que sucumbimos y le prometimos, como nos pidió, que no dijésemos nada, como fuimos capaces de jurarle silencio. Una vez en casa, frente al espejo, me sentí sucio, sí, me sentí sucio de ser hombre, porque el miedo que vi, no solo era al hombre que le pegó, era miedo a la incomprensión, a ser juzgada (porque algún motivo habría, para ser golpeada)  a la indefensión (¿Cuánto tiempo puede estar protegida? ¿Cuándo se cansaran de hacerlo? ¿Y, después que?) , el miedo a ser mujer y no poder evitarlo. Porque los hombres siempre tendrán el privilegio de la fuerza y del poder sobre la razón. ¿Siempre? Esa fue la pregunta que me hice. En la respuesta, se encontraría  la sanación a mi vergüenza por haber permitido, mis privilegios de hombre frente a las mujeres. Decidí tomar partido por las relaciones igualitarias y por desterrar el machismo y los conceptos patriarcales, que conducen a la violencia contra las mujeres. Tome partido, para no volver a ver ni imaginar nunca más, aquellos ojos del miedo.

     Pedro José Prieto Buñuel.

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Autor: Maria Rosa Candel Tárraga

Apenas era una niña de dos o tres años cuando mi madre me puso unas gafas color violeta. A través de estos cristales yo he ido mirando, analizando, criticando y construyendo el mundo y las relaciones entre las personas. Estudié lo que pude -Magisterio-, pero, indudablemente, aquello supuso un golpe de suerte, ejercer la labor docente es una profesión que me ha permitido enriquecerme extraordinariamente: la relación con tantas personas, todas tan interesantes, me ha aportado grandes satisfacciones en la vida. Soy profesora de personas adultas y he trabajado en muchos campos: el folklore, las danzas, las enseñanzas iniciales, los clubes de lectura… Siempre he enfocado el trabajo y la vida desde la perspectiva violeta. Formé parte del Seminario de Mujer de la Federación de Universidades Populares. Soy Agente de Igualdad para las mujeres-por titulación y vocación. Formo parte de la Comisión Transversal de Género del Ayuntamiento de Albacete y he llevado y llevo a cabo todos los programas relacionados con el género que organiza la U.P de mi ciudad. Mi labor es sencilla: apoyar a todas las mujeres del mundo. Estoy enredada en la red de sororidad, de la que habla Marcela Lagarde, desde que mi madre me puso las gafas color violeta. Toda mi vida.

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