Apuntes sobre género

Margaret Mead en su libro “Sexo y temperamento en las sociedades primitivas” (1950) expuso el comportamiento de 3 tribus: Arapesh, Mundugumor y Chambuli (Nueva Guinea) muy próximas entre sí. Descubrió que en una de ellas tanto hombres como mujeres se comportaban como consideramos que deben hacerlo las mujeres, con reacciones paternales y amorosas; en la segunda, ambos actuaban como consideramos que deben hacerlo los hombres, educando enérgicamente; y en la tercera, los hombres se comportaban de acuerdo con el modelo estereotipado que tenemos de las mujeres: se rizaban el pelo, usaban adornos… y las mujeres, al contrario. La conclusión que ella misma extrae es que es importante comprender como una sociedad puede moldear a todos los hombres y mujeres nacidos en su seno para tan solo aproximar a unos pocos en su ideal de conducta adecuado o como limitar a un solo sexo en un ideal de conducta que otra sociedad consigue limitar al sexo opuesto.
M. Mead afirmó que la visión antropológica le había proporcionado apertura mental a la hora de mirar, escuchar y recopilar lo que no hubiese sido capaz de imaginar y, personalmente, considero que esa visión que nos proporciona la antropología nos hace plantearnos como “lo masculino” y “lo femenino” es producto y construcción social amén de que se incluyan cuestiones temperamentales en el sentido de cualidades innatas.
Simone de Beauvoir afirmaba que no se nace mujer, se hace mujer (“On ne nait pas femme, on la deviene”. De machos y hembras nos convertimos en hombres y mujeres a través del proceso de socialización: es decir, aprendemos e interiorizamos lo masculino y lo femenino de acuerdo a lo que esa sociedad considera que es lo válido y aceptable. Esto es lo que se entiende como “genero” y por ello el género no es universal.
La antropóloga Marcela Lagarde (Méjico, 1948) afirma que el género es un hecho sociocultural aprehendido que establece diferentes mandatos de género que determinan los diferentes atributos que deben tener lo que se llama mujer y hombre a través de las construcciones de la masculinidad y la feminidad. Nacemos sexuadas, con características sexuales específicas y es a partir de ellos que aprendemos los contenidos de género (Claves feministas para la negociación en el amor).

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Autor: Maria Rosa Candel Tárraga

Apenas era una niña de dos o tres años cuando mi madre me puso unas gafas color violeta. A través de estos cristales yo he ido mirando, analizando, criticando y construyendo el mundo y las relaciones entre las personas. Estudié lo que pude -Magisterio-, pero, indudablemente, aquello supuso un golpe de suerte, ejercer la labor docente es una profesión que me ha permitido enriquecerme extraordinariamente: la relación con tantas personas, todas tan interesantes, me ha aportado grandes satisfacciones en la vida. Soy profesora de personas adultas y he trabajado en muchos campos: el folklore, las danzas, las enseñanzas iniciales, los clubes de lectura… Siempre he enfocado el trabajo y la vida desde la perspectiva violeta. Formé parte del Seminario de Mujer de la Federación de Universidades Populares. Soy Agente de Igualdad para las mujeres-por titulación y vocación. Formo parte de la Comisión Transversal de Género del Ayuntamiento de Albacete y he llevado y llevo a cabo todos los programas relacionados con el género que organiza la U.P de mi ciudad. Mi labor es sencilla: apoyar a todas las mujeres del mundo. Estoy enredada en la red de sororidad, de la que habla Marcela Lagarde, desde que mi madre me puso las gafas color violeta. Toda mi vida.

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