Víctimas de la Violencia de Género

 Son cincuenta las mujeres que han muerto a manos de sus parejas o ex parejas en lo que va de año (fuente Europa Press), desafortunadamente esta cifra queda obsoleta casi cada día. El número asusta pero si pensamos que detrás de cada número hay una mujer, una persona a la que se le ha negado un bien fundamental,  su vida, más que asustarnos nos sobrecogemos.

Victimas 2011      ( Europa Press)

Su nombre, sus circunstancias, sus sueños, sus deseos, sus esperanzas se vieron  truncadas. Algunas no habían puesto denuncias por malos tratos y otras  permanecían con su agresor, víctimas de indefensión aprendida, de síndrome de Estocolmo doméstico  o de una situación psicológica, llámese como se llame, de la que no han podido o sabido salir. Debimos actuar antes, solo en unas pocas ocasiones el entorno de la víctima desconocía los malos tratos, y se puede asegurar que hay otras en que es la propia familia quien disuade a las mujeres para que no abandonen a su agresor.

Atrás dejaron su propia vida, una  familia rota y, en la mayoría de los casos, menores a quienes se les privó de otro derecho fundamental: disfrutar del cariño de su madre.

Ante una  situación de malos tratos no podemos culpabilizar a las víctimas porque las convertimos en doblemente víctimas; debemos  protegerla y al mismo tiempo denunciar y  aislar socialmente a los agresores.

Éste es el papel que como sociedad nos corresponde. Permitir esta sangría nos deshumaniza. El silencio nos convierte en cómplices. Debemos mostrar nuestra solidaridad con las víctimas, es urgente que nos impliquemos en esta lacra que día a día nos azota. Basta ya. Es hora de tomar postura, es hora de la implicación, de la colaboración junto con los hombres. Necesitamos a los hombres y los niños por la igualdad de género, es imprescindible.

Manifiesto de la Asociación de Hombres por la Igualdad de Género

Este es el Manifiesto al que se le da lectura en la  Rueda de Hombres contra la Violencia de Género que tendrá lugar el día 21 de octubre en varias ciudades españolas.

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Autor: Maria Rosa Candel Tárraga

Apenas era una niña de dos o tres años cuando mi madre me puso unas gafas color violeta. A través de estos cristales yo he ido mirando, analizando, criticando y construyendo el mundo y las relaciones entre las personas. Estudié lo que pude -Magisterio-, pero, indudablemente, aquello supuso un golpe de suerte, ejercer la labor docente es una profesión que me ha permitido enriquecerme extraordinariamente: la relación con tantas personas, todas tan interesantes, me ha aportado grandes satisfacciones en la vida. Soy profesora de personas adultas y he trabajado en muchos campos: el folklore, las danzas, las enseñanzas iniciales, los clubes de lectura… Siempre he enfocado el trabajo y la vida desde la perspectiva violeta. Formé parte del Seminario de Mujer de la Federación de Universidades Populares. Soy Agente de Igualdad para las mujeres-por titulación y vocación. Formo parte de la Comisión Transversal de Género del Ayuntamiento de Albacete y he llevado y llevo a cabo todos los programas relacionados con el género que organiza la U.P de mi ciudad. Mi labor es sencilla: apoyar a todas las mujeres del mundo. Estoy enredada en la red de sororidad, de la que habla Marcela Lagarde, desde que mi madre me puso las gafas color violeta. Toda mi vida.

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