“Toda una vida” Instalación de Ester Gandía Martínez

Una mujer,  cualquier mujer  que te puedes encontrar en el mercado, al entrar en un ascensor o al doblar la esquina de cualquier calle  puede llevar tatuado en sus entrañas, impreso en su cerebro, mensajes como; eres una zorra, histérica, prepotente, facilona, puta, sin mí no eres nada, no seas bruta, quítate ahora mismo la pintura, contrólate, no te pongas esa ropa si no vas conmigo, te quiero por eso te protejo, me miras así para ponerme nervioso, deja de quejarte, siempre molestando…este es el día a día de una mujer víctima de violencia de género  y es así como la ha vestido Ester Gandía Martínez en su instalación “Toda una vida” que forma parte de la exposición “ Mujeres en el arte. Amalia Avia”  del Instituto de la Mujer de Castilla La Mancha y que actualmente se puede visitar en el Museo de Albacete.

Esta obra es una representación sobre la violencia de género psicológica aunque lo más probable es que algunos de estos dañinos mensajes vayan acompañados de algún empujón, pellizco o puñetazo con lo que el maltrato también físico, es global, se intenta denigrar a la persona en su integridad. Además, si el maltrato permanece en el tiempo  sus efectos son o pueden ser similares a los que sufre un prisionero en un campo de concentración. Afirma  Marie-France Hirigoyen psiquiatra, psicoanalista y psicoterapeuta de familia especializada en la terapia del acoso moral o acoso psicológico; que los efectos son devastadores y se precisa profesional experto para poder salir de esta situación.

La instalación plena de creatividad al tiempo que de conocimiento sobre la materia de la que se trata, está impregnada de realidad: así es la vida de una mujer víctima del maltrato. Sin embargo,  no se queda en el pozo del sufrimiento sino que avanza hacía su liberación e independencia y  se desnuda de toda violencia y por mucho que cueste lo conseguirá para ello se precisa de una reflexión particular y, por supuesto, tratamiento y ayuda especializada.   

Imagen de La Tribuna de Albacete.

Autor: Maria Rosa Candel Tárraga

Apenas era una niña de dos o tres años cuando mi madre me puso unas gafas color violeta. A través de estos cristales yo he ido mirando, analizando, criticando y construyendo el mundo y las relaciones entre las personas. Estudié lo que pude -Magisterio-, pero, indudablemente, aquello supuso un golpe de suerte, ejercer la labor docente es una profesión que me ha permitido enriquecerme extraordinariamente: la relación con tantas personas, todas tan interesantes, me ha aportado grandes satisfacciones en la vida. Soy profesora de personas adultas y he trabajado en muchos campos: el folklore, las danzas, las enseñanzas iniciales, los clubes de lectura… Siempre he enfocado el trabajo y la vida desde la perspectiva violeta. Formé parte del Seminario de Mujer de la Federación de Universidades Populares. Soy Agente de Igualdad para las mujeres-por titulación y vocación. Formo parte de la Comisión Transversal de Género del Ayuntamiento de Albacete y he llevado y llevo a cabo todos los programas relacionados con el género que organiza la U.P de mi ciudad. Mi labor es sencilla: apoyar a todas las mujeres del mundo. Estoy enredada en la red de sororidad, de la que habla Marcela Lagarde, desde que mi madre me puso las gafas color violeta. Toda mi vida.

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